Santo Domingo.- Ante el furor mundial por las inyecciones para bajar de peso la pregunta que muchos se hacen es qué le hace exactamente este líquido a nuestro cuerpo para que dejemos de comer, respondiendo la ciencia que lejos de ser un truco de magia fármacos como Ozempic o Wegovy utilizan una sofisticada imitación de la biología humana para engañar al cerebro y al estómago.
La doctora Jacqueline Díaz, endocrinóloga, nutrióloga y médico internista de la Clínica Independencia y el Women’s Medical Center, desglosó paso a paso la fisiología detrás de los péptidos análogos del GLP-1 advirtiendo que si bien son altamente efectivos su mal uso puede dejar al paciente en un estado de fragilidad física severa.
La copia mejorada de nuestra propia hormona
Para entender cómo funcionan primero hay que saber qué son, por lo que "un péptido lo que significa es una cadena pequeña de aminoácidos, serían como los ladrillos con los que se construye una proteína", explica la Dra. Díaz.

Nuestro intestino produce naturalmente una hormona llamada incretina cuando comemos, sin embargo "su vida media es muy corta, de unos minutos apenas", por lo que la ciencia farmacéutica procedió a copiar esta secuencia de aminoácidos y modificarla para que "no pueda ser degradada rápidamente", naciendo así los análogos del GLP-1 que pueden durar actuando en el cuerpo un día o hasta una semana completa.
Los cuatro frenos del hambre
Según la especialista de la Clínica Independencia una vez inyectado el medicamento ataca la obesidad y la diabetes a través de cuatro mecanismos biológicos fundamentales, iniciando a nivel del páncreas donde "estimulan la secreción de insulina dependiente de glucosa" para ayudar a utilizar correctamente el azúcar en la sangre, logrando también en el mismo órgano que estas moléculas "frenen que se libere el glucagón para que no se eleve más la glucosa en sangre".

A estos procesos se suma el notorio efecto digestivo donde "se enlentece el vaciamiento gástrico, la persona ingiere su comida y la comida va a tardar horas para digerirse e ir lentamente al intestino, por eso se siente lleno por más tiempo". Finalmente, el tratamiento ejerce una acción directa "a nivel cerebral en los centros del hambre y la saciedad, por lo que a la persona se le quitan los antojos por dulces o salados".
El lado oscuro de la desnutrición muscular
Al apagar el deseo de comer surge el mayor riesgo de este tratamiento con la desnutrición silenciosa, pues al no sentir hambre muchos pacientes dejan de ingerir los nutrientes esenciales y muy especialmente las proteínas.
La Dra. Díaz es enfática en este punto subrayando que "todos necesitamos una ingesta de proteína diaria calculada por gramos, por kilo, por día, la cual va a preservar la salud de nuestros músculos", advirtiendo que si un paciente se inyecta y simplemente deja de comer el cuerpo comenzará a consumir su propio tejido para sobrevivir.
"Si usted no ingiere alimentos con suficientes proteínas para su cuerpo entonces a usted le va a dar una sarcopenia y va a estar muy débil, pasando de un estado de enfermedad que es el estado de inflamación de la obesidad a otro estado de debilidad y de fragilidad", alerta la nutrióloga del Women’s Medical Center.
El temido efecto rebote
Otro gran mito es qué sucede al dejar la medicación, aclarando la doctora que el compuesto es una herramienta y no una cura definitiva, por lo cual si se retira el fármaco abruptamente sin que el paciente haya aprovechado el tiempo sin hambre para reeducar su paladar y crear el hábito del ejercicio el fracaso será inminente.
"Inmediatamente dejamos lo que estábamos haciendo correctamente vamos a reganar ese peso y eso pasa con estas moléculas, si las dejamos abruptamente, si dejamos ese freno que teníamos ahí del hambre y la saciedad y volvemos a lo mismo, a comer lo mismo, entonces vamos a reganar peso", concluyó la especialista.