Clave

La interrupción de los servicios de un medio de comunicación –temporal o definitiva- representa siempre un golpe terrible para la sociedad.

Y cuando se trata de un medio valiente, responsable e investigador, como lo ha sido “Clave” en sus dos versiones (impresa y digital), el golpe adquiere caracteres catastróficos.

La versión oficial que se ha ofrecido para explicar el cierre de “Clave”, que se ha dado a conocer en el editorial de dicho periódico, es que las razones para el cierre son de carácter económico.

De ser así, estaríamos frente a un caso que, aunque lamentable, no deja de ser comprensible, si tenemos en cuenta las exigencias y riesgos a que se tienen que enfrentar empresas de tan delicado y exigente manejo como las periodísticas. Los medios de comunicación, como las personas, nacen, se desarrollan y mueren; y ese ha sido el caso de las revistas “Rumbo” y “Ahora”, así como el de no pocos periódicos que han ofrendado, en su momento, valiosos servicios a la sociedad.

En torno al cierre de “Clave” se tejen, sin embargo, sombrías conjeturas. Se dice que ha habido presiones oficiales para provocar dicho cierre.

Si de verdad existieron presiones –cosa que ni hemos dudado ni hemos podido comprobar-, esperamos que las mismas se den a conocer cuanto antes para saber cuál deberá ser la actitud de los medios de comunicación independientes frente a un eventual atentado a la libertad de expresión.

Mientras tanto, extendemos nuestro abrazo solidario al íntegro director de “Clave”, el distinguido periodista Fausto Rosario Adames, extensivo a su valioso equipo humano, con el que ha navegado triunfante en el proceloso mar que nos toca vivir.