Clausewitz: derrota ante Irán
Estados Unidos e Israel no consultaron a Clausewitz antes de atacar a Irán. El principio estratégico de que la defensa posee una potencia intrínsecamente superior al ataque es, probablemente, una de las contribuciones más citadas y, al mismo tiempo, menos comprendidas de Carl von Clausewitz.
Si observamos el panorama actual, la guerra en Irán encarna a la perfección esta máxima. Teherán no sólo está conteniendo la ofensiva de dos potencias militares del mundo —Estados Unidos e Israel, sino que está obligando a repensar los fundamentos mismos de la guerra moderna.
Lo que nos muestran los acontecimientos es que la supervivencia del régimen iraní no es un milagro ni un accidente, sino el resultado directo de una lectura implacable de la naturaleza de la guerra y de la explotación meticulosa de las ventajas inherentes al defensor.
La potencia defensiva de Irán comienza, en el sentido más literal del término, con su terreno. Irán no es un objetivo sencillo, se trata, en esencia, de una meseta amurallada por cadenas montañosas al norte y al oeste, y custodiada por vastos desiertos que ralentizan cualquier avance terrestre.
Este entorno convierte cualquier operación ofensiva en una pesadilla logística, donde el agresor se ve forzado a extender sus líneas de suministro a través de un territorio hostil, precisamente el escenario que Clausewitz señalaba como el punto de inflexión donde la ventaja del ataque se desvanece.
A esta ventaja geográfica se suma la capacidad de Irán para proyectar poder desde una posición defensiva mediante el estrangulamiento de las vías marítimas vitales.
Su dominio sobre el estrecho de Ormuz, por donde fluye el 20 % del suministro energético mundial, le otorga una poderosa herramienta de disuasión.
Al amenazar con cerrar este paso, Irán eleva el costo económico de la guerra a nivel global, ejerciendo una presión asimétrica que va mucho más allá del campo de batalla.
Sin embargo, la verdadera superioridad defensiva de Irán reside en su doctrina militar, conocida como defensa de mosaico descentralizada. Esta estrategia no sólo rechaza la confrontación convencional que EE. UU. e Israel desean, sino que neutraliza las principales ventajas tecnológicas del agresor.
Funciona mediante tres principios: 1. Descentralización del poder, 2. Guerra de desgaste y asimetría de costes, 3. Resistencia como victoria.
La guerra en Irán se ha convertido en un laboratorio viviente de las tesis de Clausewitz. La aparente paradoja de que una nación tecnológicamente inferior pueda resistir el embate de las superpotencias se resuelve al comprender que la defensa, por su propia naturaleza, dispone de herramientas que el ataque no posee.
Para EE. UU. e Israel, la lección es amarga y clara: el poder aéreo y la alta tecnología, por sí solos, son insuficientes para doblegar a un adversario que ha decidido hacer de la defensa su principal arma estratégica.
Mientras Irán siga en pie, seguirá demostrando que el más audaz de los ataques nunca podrá superar la potencia intrínseca de una defensa bien concebida. ¡Adelante!