Cinco errores que los padres pueden cometer al practicar una crianza respetuosa

Cinco errores que los padres pueden cometer al intentar practicar una crianza respetuosa
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Confundir el respeto con la ausencia de límites es uno de los errores que pueden cometer los padres al intentar aplicar la crianza respetuosa.

La crianza respetuosa ha ganado espacio entre madres y padres que buscan educar a sus hijos alejándose de los gritos, las amenazas y los castigos como principales herramientas de disciplina.

Sin embargo, llevar este modelo a la práctica puede generar dudas y, en algunos casos, interpretaciones equivocadas sobre qué significa realmente acompañar las emociones de un niño sin renunciar a la responsabilidad de educarlo.

La psicóloga clínica y terapeuta familiar Andrea Belén, CEO del centro Calma Alma, explica que criar desde el respeto no implica dejar que los hijos decidan todo ni evitar cualquier situación que pueda provocarles frustración.

El Día Internacional de la Crianza Respetuosa es una conmemoración que surge a partir de la iniciativa de organizaciones civiles y comunidades de padres, fijándose el 2 de septiembre en homenaje al fallecimiento del psicoanalista británico John Bowlby ocurrido en 1990.

“Una crianza respetuosa reconoce al niño como una persona con emociones y necesidades que deben ser escuchadas, pero entiende también que los adultos tienen la responsabilidad de orientar, proteger y establecer límites”, señala la especialista.

Estos son cinco errores que los padres pueden cometer cuando intentan aplicar este modelo de crianza.

Límites también educan

1. Confundir respeto con permisividad

Escuchar a un niño y tomar en cuenta sus emociones no significa aceptar todas sus conductas. Los padres pueden reconocer que está molesto porque debe apagar la tableta, por ejemplo, y mantener al mismo tiempo la decisión de que terminó el tiempo de uso.

Andrea Belén explica que un límite puede establecerse sin humillar, amenazar o recurrir a la violencia.

El objetivo no es evitar que el niño se enoje ante una norma, sino ayudarlo progresivamente a manejar la frustración que produce no obtener siempre lo que desea.

2. Querer evitarles cualquier frustración

Otro error puede surgir cuando los padres interpretan el bienestar emocional como la necesidad de impedir que sus hijos experimenten tristeza, enojo, aburrimiento o decepción.

Estas emociones forman parte de la vida y aprender a transitarlas constituye también un aprendizaje.

Resolver inmediatamente cada problema, intervenir ante cualquier dificultad o cambiar una decisión para evitar un berrinche puede limitar oportunidades para que el niño desarrolle tolerancia a la frustración y recursos para enfrentar situaciones adversas.

3. Validar la emoción y permitir la conducta

“Entiendo que estás enojado” y “puedes hacer lo que quieras porque estás enojado” transmiten mensajes diferentes.

La psicóloga señala que todas las emociones pueden ser reconocidas, pero no todas las conductas derivadas de ellas deben permitirse.

Un niño puede sentirse enfadado con su hermano, pero eso no significa que pueda golpearlo. Puede molestarse porque debe abandonar el parque, pero su reacción no obliga a los padres a cambiar la decisión.

La clave está en separar lo que el niño siente, que puede ser válido, de lo que hace con esa emoción, que necesita orientación.

Cinco errores que los padres pueden cometer al intentar practicar una crianza respetuosa
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Padres bajo presión

4. Explicar demasiado cada decisión

La crianza respetuosa promueve la comunicación, pero esto no significa convertir cada norma familiar en una negociación interminable.

Explicar brevemente las razones de una decisión ayuda a los niños a comprender los límites, pero existen situaciones en las que el adulto debe asumir su responsabilidad y decidir.

La edad también importa. Las explicaciones deben corresponder con la capacidad del niño para comprenderlas y no convertirse en intentos constantes de conseguir su aprobación.

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5. Creer que un padre respetuoso nunca pierde la paciencia

Intentar responder siempre con absoluta calma puede convertirse en una presión adicional para madres y padres.

Los adultos también experimentan cansancio, preocupación, estrés y frustración, por lo que pueden reaccionar de una manera distinta a la que hubieran deseado.

Para Andrea Belén, una parte importante del proceso consiste precisamente en reconocer esos momentos y reparar cuando sea necesario.

Pedir disculpas después de haber gritado, reconocer que se manejó mal una situación y explicar cómo podría hacerse diferente también enseña a los hijos responsabilidad emocional.

La crianza respetuosa, por tanto, no exige padres perfectos ni hijos que nunca se molesten. Busca construir una relación en la que existan afecto, comunicación y reconocimiento de las emociones, pero también normas y responsabilidades acordes con cada etapa del desarrollo.

Educar con respeto no elimina el “no” de la crianza. Cambia, sobre todo, la manera en que ese “no” se comunica y se sostiene.

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