Ciclos del pueblo dominicano desde su génesis… 10

Ciclos del pueblo dominicano desde su génesis… 10

Ciclos del pueblo dominicano desde su génesis… 10

Miguel Febles

La Convención Dominico-americana, la de 1907, fue un acto de responsabilidad por parte del presidente Mon Cáceres. Ante el deber no hay camino mejor que someterse y cumplir con el menor daño para la soberanía, y esto se consiguió con el acto referido.

Con la convención un gobernante puso a las élites políticas y sociales a cargo del sentido de la responsabilidad —está por verse si la lección fue aprendida— que se deriva de los actos y las acciones administrativas. El Estado no puede ser manejado al margen de los compromisos y los riesgos de compulsiones para obligarlo a honrar los contratos. Condenar la convención es el camino más fácil.

El cerrojo fue pasado finalmente el 29 de noviembre de 1916 con la proclama del capitán Knapp, de la marina de los Estados Unidos, con la que asumió el gobierno. Había caído el telón. Los dominicanos estaban de vuelta a un gobernante extranjero, esta vez con el título de gobernador militar. Paso a paso empezaría el cuarto ciclo de la vida nacional dominicana.

Desde el año anterior, 1915, los Estados Unidos tenía la tutela militar de Haití, pero había alcanzado un arreglo para mantener en el gobierno a un haitiano, fórmula que se le negó en Santo Domingo. Hasta aquel día, 29 de noviembre de 1916, había sido presidente interino el magistrado Francisco Henríquez y Carvajal, hasta hacía poco presidente de la Corte Suprema de Justicia, pero al negarse a la condición de títere, la situación tomó un rumbo diferente a la que prevalecía en Haití.

En una carta del 4 de diciembre de aquel año reproducida por Sócrates Nolasco, que la había recibido en Puerto Rico, el presidente Henríquez revela su estado de ánimo: “…, mi papel ha terminado y pienso volverme a Cuba, con la familia, a vivir de mi profesión.

Hubiera querido irme hoy a Puerto Rico para tomar ahí un vapor que me lleve a Cuba. Escríbeme a vuelta de correo diciéndome cuáles sean las comunicaciones posibles, pues quizás me convenga salir de aquí cuanto antes…” (Sócarates Nolasco, La ocupación militar de Santo Domingo por Estados Unidos de América 1916-1924, edición del AGN, 2018, Pág. 26).

El pueblo dominicano fue empujado a un proceso de transformación material, social y administrativa como no lo había conocido hasta entonces. Las élites cultural y política fueron estremecidas y depuradas en este lapso de ocho años.

Las carreteras proyectadas en la trunca administración de Mon Cáceres fueron construidas, la población desarmada, los caudillos montoneros privados de la vía política.

Cerrar un ciclo social y político y conservar a Báez fue dañino en 1865. En 1924 también, cuando fue reflotado Horacio Vásquez a pesar de otras buenas opciones.



Miguel Febles

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