Chofán a mí que soy chino?
Recuerdo un programa de televisión fruto del innegable talento de Luisito Martí, que en paz descanse; su nombre era, si mi memoria no me falla, Las Mil Caras del Engaño. Trataba acerca de las diversas formas en que antisociales timaban a las personas.
Estoy convencido de que si éste aún se produjera, tendría que llamarse Las Millones de Caras del Engaño.
Las muestras diarias están a la vuelta de la esquina, sólo hay que tomar una de las principales avenidas para observar entre otros: el mocho que lo que tiene es un pie doblado hacia atrás, la señora que apodo la mujer biónica, pues se ha enfermado y operado todo: páncreas, hígado, riñones, hernias, etc. y por supuesto, las sufridas haitianas recién paridas que con muchacho al hombro, pretenden despertar pena en los corazones, para al final engrosar con nuestros dineros los bolsillos de su corrupto explotador.
A esto hay que agregarle que con el auge de la delincuencia, unido a la tecnología, las formas de engañar han proliferado vertiginosamente, desde el reciente hackeo de mis correos, hasta el hecho de que no pasa una semana sin que reciba vía mail la grandiosa noticia de que me gané la Loto del Reino Unido o que un funcionario corrupto Nigeriano necesita mi auxilio para lavar chorro cientos millones.
Ya lo tomo como parte del diario vivir, aunque me preocupa que algún novel incauto sucumba a la trampa y finalmente, termine proporcionando sus datos y hasta enviando dinero a uno de estos pillos electrónicos.
Un intento de engaño nuevo lo experimenté esta semana, y es de fabricación local. Un sujeto me llamó, para indagar sobre algo que tenía en venta. Luego de pedirme algunas explicaciones sobre el producto, me solicitó que le enviara las fotos, y apenas horas después ya me confirmaba su interés y deseo de que le proporcionara un número de cuenta bancaria.
Ni corto ni perezoso y, tomando en cuenta que se trataba de una llamada desde un celular, que el nombre del interesado contenía un apellido rimbombante y que hablaba con pésima dicción, me imaginé que éste era un estafador pero decidí seguirle la corriente en una mezcla de morbo y deseo de embromar con j.
Así pues, le di un número de cuenta que no uso, le hice la salvedad de que sólo recibiría efectivo, y él a su vez, me informó que no había problema y que tenía un camión listo para recoger el producto.
Horas después me envió, escaneada, una hoja de depósito que detallaba la cantidad acordada depositada en mi cuenta con la leyenda efectivo.
Por supuesto, esto era ya entrada la noche cuando no hay bancos abiertos, pero sí centros telefónicos de atención al cliente.
Hice la llamada y ciertamente, se había depositado en mi cuenta, pero con un detalle, no en efectivo como decía el recibo, sino en cheque, como me lo imaginaba.
Es decir, el recibo aunque auténtico en su origen, estaba alterado para que apareciera como que se había realizado un depósito cash.
Al fin y al cabo, lo que sucederá hoy, fecha en que ustedes leen este artículo, es que el cheque habrá compensado y será sin fondos o falso. Si yo hubiera sido un palomo, al ver que la hoja de depósito decía efectivo, le despacho la mercancía y el estafador se sale con la suya.
Estoy seguro que ya los excelentes miembros de la DICAT (Dirección de Investigación de Crímenes de Alta Tecnología de la Policía Nacional) deben estar tras la pista de este individuo aunque de mi parte no los alerté, pues además de la dejadez con que el banco involucrado trató el tema, unido a lo expresado sobre el auge delincuencial, francamente prefiero aconsejar no confiar en nada ni nadie.
Esta vez no se salió con la suya, pues se encontró con alguien que humildemente conoce un poco de tecnología tanto empíricamente como por mi condición de Ex Gerente de la desaparecida Gerencia de Comercio Electrónico, Documentos y Firmas Digitales del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL).
Al día de hoy, no me ha vuelto a llamar, imagino que porque después de enviarme el recibo y ya verificado lo que yo sospechaba, que se trataba de una trampa, le envié un mensajito que él como tiguere comprendió ipso facto:
Chofán a mí que soy chino?