Celebremos la Navidad
Estamos en el umbral de la más especial de todas las celebraciones, el día de la Navidad, donde conmemoramos el acontecimiento más trascendental concerniente no solo al pueblo cristiano sino a toda la humanidad, ¨la natividad del hijo de Dios¨, quien nació en un humilde pesebre en Belén de Judea, con una misión específica, dar su vida por la salvación de muchos, en cumplimiento a las profecías generadas en torno a él, cientos de años atrás a través de profetas de gran reconocimiento dentro del pueblo judío como Isaías( 724 A.C) y Daniel (424 A.C).
El amor de Dios es tan inconmensurable que nuestra limitación no alcanza a medir el mismo. El pueblo judío esperaba al Mesías en otro contexto, su pensamiento inmediatista concibió un plan terrenal y no espiritual, aguardaban un gran Rey que los llenaría de gloria y triunfos pero circunscrito al escenario inmediatista de esta vida, nunca concibieron a un rey nacido en un establo, hijo de carpintero, sin ostentaciones y lleno de amor por toda la humanidad, sin discriminaciones de género, raza o clases sociales, Un Rey a la manera de Dios.
No importó la cantidad de milagros que realizó a lo largo de los 3 años y medio de su ministerio, convirtió el agua en vino, sano enfermos, liberó endemoniados, caminó sobre las aguas, calmó tempestades, tenía una sabiduría sobrenatural, resucitó muertos, entre incontables muestras de su poder y no le recibieron, decretaron muerte y muerte de cruz, la más humillante de todas,
Pero el Alto y Sublime en su inmenso amor tenía el Plan de Salvación y nada podría interceptar el mismo, su Plan fue ejecutado y nueva vez en cumplimiento de las profecías el Cristo resucitó al tercer día y con él hemos resucitado todos los que le hemos creído y a pesar de que el enemigo de este mundo ha desatado todos sus poderes para truncar el Plan de Salvación éste sigue vigente y aunque la maldad se ha multiplicado, ha sobreabundado la Gracia de Dios para la humanidad.
Y es que no hay ocasión que encierre más amor y ternura que la Navidad -no podía ser de otra manera- es como si los aires se unieran en complicidad para sacar lo mejor de nosotros en estas fechas, nuestros ojos tienen una mirada especial, nace en nosotros el deseo de dar amor, de abrazarnos, compartir con la familia, los amigos, ponemos nuestra mirada hacia el que menos tiene en interés de ofrecerle una que otra cosa para aliviar su necesidad.
En nuestro interior, sin que ninguna otra fecha la supere, queremos celebrar y es que aún muchos sin comprenderlo, forman parte de esa gran fiesta celestial que conmemora el nacimiento del Hijo de Dios en la tierra, quien dejó toda su Gloria y Majestad para venir a nosotros, convivir, sufrir nuestras debilidades, dar su vida en sacrificio para limpiarnos de todo pecado y luego subir al cielo y abogar por nosotros ante al Padre.
Celebremos la Navidad en alegría, paz y armonía, conscientes de lo que ella significa ,enseñemos a nuestros hijos que festejamos el nacimiento de Jesús, el Salvador del mundo.
Feliz Navidad para tod@s , Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad !!