Carta de Guido a José

20 de julio de 2016
Santo Domingo, DN
Licenciado
José Báez Guerrero
Su despacho.

Estimado José:
Antes de leer tu columna, me llamó un amigo de los que te conoce desde los años de labor en el periódico El Caribe, me dijo: “ el hijo de doña Venecia no cambia, siempre el mismo”.

Juro que no entendí, luego me llegó lo publicado por tí, en el matutino EL DÍA del miércoles 20 del mes en curso. ¡Ahora comprendo!

No lograrás provocarme. Lo mío es muy sencillo: la excelente periodista Marién Aristy Capitán publicó una entrega sobre los Consejos del sector eléctrico, donde desmantela esa red de inconsistencias, locuras administrativas y periodistas con lujosos salarios.

Tienes la suerte de ocupar la presidencia de la Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana (ETED) y me reitero en el comentario hecho en mi programa, respecto de que sabía la asesoría en materia de relaciones públicas brindada por la empresa tuya en el sector, pero desconocía que eras técnico en la materia. Además, dije y acepto lo de ¿joder?, que resultaba extraño la cantidad de comunicadores sin experiencia en el sector con asientos en los consejos eléctricos. Y punto.

Los servidores públicos no pueden molestarse cuando les investigan. Todo lo contrario, aceptar que les requieran se corresponde con la transparencia y sed de institucionalidad que tantos años de esfuerzo han costado a ciudadanos decididos a contribuir con un cambio en la mentalidad del país.

El hecho de que recibas un salario de 200,000 al mes te coloca en una situación privilegiada respecto del resto de empleados públicos.

Reconozco que amas la historia y por ejercer el periodismo hace tiempo podrías incurrir en el error de hacer de esa mezcla, materia de ficción.

Pasa con frecuencia. Por eso, datos exactos para no falsificar la verdad. Lo de mi padre me llena de orgullo, y aprendímos a ejercer la orfandad con decoro. Para que no repitas el error de asignarme un decreto que extendiera el horario debo recordarte que, el empresariado solicitó al Consejo de Gobierno un ajuste de horas, no salió de la Consultoría Jurídica.

La pena tiene un carácter personal, desconocía que se es culpable por la falta de otro, tú te imagínas lo injusto que resulta el descalificarte por las faltas de comunicadores y amigos que sus “errores” sean imputables a un periodísta tan independiente como tú. Jode, no?

Lo del visado lo he explicado tantas veces que podría escribir un libro, no con los tintes justificatorios del trabajo tuyo sobre un pariente que ocupó la Presidencia del país.

Un dato que debes incorporar al tema que aludes para descalificarme, como si una estampa en el pasaporte constituyera una certificación de incuestionabilidad ética: los arquitectos de esa barbaridad, uno ha sido condenado en la Jurisdicción Federal y guarda prisión domiciliaria, el otro se descarriló en su carrera senatorial con tres procesos pendientes.

Eso sí, ambos no terminan de superar las derrotas en el campo del amor. A propósito, ¿no podría ser materia de un trabajo de investigación tuyo los contratos portuarios y las solicitudes de visados a menores ejercitantes del oficio más antiguo del mundo? ¡Caramba, anímate José!

Me agrada que conozcas sobre mi carrera partidaria. Por eso me invitabas con tanta frecuencia al desaparecido programa tuyo, La Silla Roja.

Añoro esas conversaciones. Un recordatorio respecto de mis esfuerzos políticos: nadie con sensatez pone en dudas los niveles de preferencias que gozo en mi organización que, encuentran el muro de resistencia, en dirigentes incorporados a la partidocracia como estrategia de acumulación y materia prima del descrédito. Sé que esa clase de políticos se ajustan con mayor facilidad a tus esquemas.

Pero eso es lo democrático.
Vivo en el mismo lugar, tengo la misma esposa y aunque Dios me premió con una nueva hija, le pido a diario fortaleza para superar el drama de la pérdida de mi hijo, Max.

Agradezco que lo recuerdes, porque estoy comprometido a que mi comportamiento nunca sea pieza de escarnio para él y las dos niñas.

Y es que nada es más terrible, José, de uno terminar sus días rechazado por los desvaríos incurridos y que al sus hijos enterarse, se llenen de vergüenza por el resto de los días.
Afectos,
Guido Gómez Mazara

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El Día

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