Carta abierta a Bukele

Wilfredo Mora NUEVA
Wilfredo Mora

Señor Nayib Bukele, presidente de El Salvador. La crisis que inesperadamente obliga a su gobierno a incursionar militarmente en Haití es como una intempestiva respuesta, opuesta a todas las soluciones de nuestra nación dominicana que, por años vive interpretando las características históricas de un Haití que incursiona en nuestra patria, ya cansada de soportar todo tipo de penetración y maniobras, culmina en la inmigración ilegal de sus ciudadanos.

Por ese camino, los dominicanos nos volveremos inferioridad numérica, en casos extremos que concurren en los hospitales, las escuelas y en los puestos de trabajo.

El problema número uno que confronta nuestro país desde su nacimiento es Haití. Para bien o para mal, somos dos pueblos distintos; en ellos predomina el negro; nosotros somos mulatos.

Su cultura viene del África, la nuestra de la civilización occidental. Su religión, es una mezcolanza de ritos extraños que proviene del continente negro; la nuestra, es la católica, sea protestante o evangélica. La historia de Haití está llena de taras y de horribles episodios traumáticos de su accidentada historia.

Desde el acuerdo Trujillo-Vincent (1929), fue un tratado para mostrar al mundo los límites de las dos repúblicas, solucionado y surgido de un acuerdo fronterizo; sin embargo, la degradación se apoderó de Haití, lo convirtió en una nación infortunada que ha ensangrentado las manos en contra de su propia gente. Entre 1957-71, el dictador François Duvalier utilizó a los Tonton Macoutes, una milicia paramilitar creada para reprimir a sus adversarios y proteger el régimen, estos se sucedieron paulatinamente en las bandas criminales, tal como domina hoy en el escenario geopolítico. Ha transcurrido una centuria, a partir de entonces.

Las consecuencias de esta crisis no pueden considerarse exclusivamente un asunto interno de Haití, ahora lo es de todo un continente. Cuando las organizaciones criminales desafían abiertamente al Estado, controlan comunidades y obstaculizan el funcionamiento de las instituciones, sus efectos pueden extenderse a los países vecinos y afectar la seguridad hemisférica.

Hasta hoy, el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó, en 2025, con la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF), y en septiembre de 2026 prorrogó su mandato hasta el 31 de marzo de 2027; eso, en nada cambió.
Hágale la guerra a Haití, señor presidente Bukele. Pero no sacrifique a sus soldados en un combate físicos entre ejércitos. Sepa que ellos se esconden dentro de la población civil, que también hay que proteger.

Un Haití así, representa una realidad endemoniada; las estructuras de las bandas, el territorio y las condiciones políticas son diferentes. La fórmula es un Estado vs. pandilleros. Todos los mandatarios lo van a apoyar.

Es necesario que el continente le haga la guerra a Haití, con una fuerza multinacional que supere los 50,000 soldados, de ser necesario; no para detener a los cabecillas, sino para acabar con la violencia y desarmar la población y que la Policía, las Fuerzas Armadas de Haití vuelvan a proteger a sus ciudadanos, recuperen la paz social y restablezcan la circulación segura por las principales rutas, avenidas y calles de sus ciudades.

Lance su proclama de guerra desde nuestro patrio lar. Anuncie desde esta isla que es el fin de las pandillas haitianas, desde ahora para para siempre. Usted es el verdadero salvador; es quien ha provocado la atención del problema haitiano desde una perspectiva espiritual, racional, obligando al sacrificio de otros gobiernos de que se trata de la supervivencia de las naciones del mundo civilizado. ¡Ha llegado la hora de devolverle la paz al pueblo haitiano!

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Wilfredo Mora