Si la alcaldesa Carolina Mejía marcara en las encuestas convincentemente para ganar la convención del PRM y las elecciones de 2028, no cabe duda de que sería excelente presidente, mejor que los aspirantes de los demás partidos.
Posee carisma, inteligencia, experiencia, prudente sagacidad política, la confianza del presidente Abinader y el apoyo de sectores decisivos aparte de simpatía popular.
También la suerte de ser hija de Hipólito Mejía, el único expresidente que ha sabido aupar el relevo generacional. Son muchas condiciones favorables. Podrían apoyarla los pocos sectores que prefieren que David Collado no alcance la Presidencia. Por malas razones, contrarían y ningunean el desempeño de Collado y las preferencias muy mayoritarias que muestran todas las encuestas.
A mi admirada Carolina los números y métricas no la favorecen, una pena para quienes la queremos y deseamos que prosiga su exitosa carrera política. Pronto deberá tomar una difícil decisión: continuar su búsqueda de la candidatura o aportar su enorme capital político al preferido David, como otros aspirantes como Yayo Sanz, dirigentes como Alberto Atallah y un creciente conjunto de perremeístas de arriba, del medio y de abajo.
Arriesga salir debilitada. Ninguno de los aspirantes del PRM, PLD ni PRD ha llegado tan lejos como Carolina en su primer intento por ganar la nominación. Es un sólido fundamento para cuando llegue su turno.
Combatir contra David los podría debilitar a ambos, pero más a ella. Esa inconveniente lucha abriría la ansiada brecha que busca la díscola, disgregada y desprestigiada oposición, promotora de una disrupción por quienes serán sólo “spoilers”, títeres de obcecados poderosos que siempre seguirán arriba, incluso cuando gane David.
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