Carácter, decisión, amor

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"La familia es base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida", Juan Pablo II.

Para los que hemos sido formados con valores, como la lealtad, honradez, gratitud y sobretodo la dedicación, empeño y vocación al trabajo, observar como a nuestro alrededor eso no es primordial nos afecta, nos abate, y nos impulsa hacia la decepción.

Es por ello que cuando los antivalores intentan apoderarse de nuestros procederes, instintivamente recurrimos a nuestro punto de origen, ése que nos permite mantenernos firmes en nuestras convicciones.

Ese punto de origen tiene un nombre: familia. La misma que siempre acompaña en los aciertos y errores, pero sobre todo, la responsable de preservar la esencia y los principios que permiten su propia solidez.

Una familia fuerte que se dedique a cuidar de sus miembros, que dé prioridad a la mayoría antes que a lo individual, que sea implacable en lo moral, en los deberes y en las responsabilidades, tendrá siempre garantizada la cohesión de todos sus integrantes.

La cabeza familiar está obligada a proceder de forma tal que no ponga en riesgo la unidad de la misma. Su clave siempre será el justo equilibrio entre el amor a sus consanguíneos y el ejercicio de lo que es correcto.

En los momentos actuales el mayor y más importante aporte que de forma individual se puede hacer a una sociedad en desbandada es consolidar la familia; de ahí debe surgir el cambio, el ejemplo, y en consecuencia, en ella debe ser identificado y sancionado el que atente contra la misma.

Estoy convencido que sólo priorizando los valores que nos fueron inculcados en la infancia por nuestros padres, seremos capaces de sobreponernos a la vorágine que nos rodea.

Espero que cuando sea mi turno tenga la capacidad de apoyarme en estos tres pilares:

carácter, decisión y amor.

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El Día

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