Capitalismo y medioambiente

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Celedonio Jiménez

El grave deterioro del medioambiente que hoy vivimos y el camino de destrucción ecológica que en la actualidad trillamos, conducen a una conclusión: la sobrevivencia del ser humano sobre la tierra se encuentra en serio peligro. Lamentablemente de esta realidad no muchos se dan cuenta.

Expresiones de nuestro gran deterioro medioambiental y ecológico son, por ejemplo, el cambio climático, el calentamiento global, la gran concentración de bióxido de carbono en la atmósfera, la emisión de gases tóxicos por doquier, la desforestación, la erosión de los suelos, la dislocación del equilibrio de la biodiversidad, la extinción de numerosas especies animales, la desaparición de glaciares, la disminución de las aguas dulces, la ocurrencia de grandes inundaciones, sequías, huracanes, sifones, terremotos e incendios forestales, la proliferación de virus, etc.

Frente a los males arriba enunciados, numerosas instituciones y personas proponen y trabajan en órdenes como la acción de reciclar, promover tecnologías renovables, economizar energía, usar bombillas de bajo consumo, economizar agua potable, sembrar árboles, eliminar el uso de aerosoles, anular o reducir el uso de materiales no degradables, desechar electrodomésticos y vehículos dañinos al medio ambiente, etc. Todo ello está bien, pero esos pasos son absolutamente insuficientes, porque no van a las raíces profundas de lo que determina nuestro rumbo hacia el cataclismo mundial.

Las causas esenciales del deterioro ambiental y ecológico están estrechamente ligadas al estilo y dinámica de acumulación del capital y del crecimiento económico capitalista, basados en la explotación insaciable de trabajadores y de recursos naturales.

Están ligadas de manera esencial a un interés económico que no hace consideración ante la expoliación del trabajo y de las fuentes de riquezas de los países de la periferia capitalista; están ligadas al surgimiento de una sociedad de consumo, que promueve la exhibición, el gasto, el lujo y el despilfarro, en medio de la escasez; están relacionadas con conductas como la de los engañadores que quisieron apropiarse recientemente de porciones de nuestro parque protegido Cotubanamá para edificar un establecimiento hotelero extranjero; en fin, están estrechamente relacionadas a un tipo de industrialización que sólo persigue el beneficio de sus promotores o dueños, no importándoles el daño de la contaminación a personas, al agua y al aire.

No nos llamemos a engaño, frenar el terrible rumbo que llevamos pasa por cambiar el absurdo y egoísta tipo de relación establecida entre ser humano y naturaleza. Pasa por una renovación en la relación de los países, y por un cambio en la distribución de las riquezas; pasa por un real combate a la pobreza; pasa por la eliminación del despilfarro; pasa por la anulación de la explotación y la puesta de la tecnología al servicio del ser humano, y no al revés. Pasa por adversar que las tecnologías sean puestas al servicio de la guerra. Sólo así evitaremos avanzar hacia nuevas catástrofes, hacia el apocalipsis que el capitalsmo ha hecho inminente. ¡Ojalá aun estemos a tiempo!

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