La Policía Nacional ha dejado en evidencia, en el lamentable caso ocurrido en la vivienda del merenguero Julián Oro Duro, que tiene la capacidad de responder con rapidez y eficacia ante hechos criminales de alta gravedad.
La muerte de la esposa del artista, ocurrida de manera violenta a manos de desaprensivos que ya se encuentran bajo custodia de las autoridades, ha sido investigada con celeridad y ha permitido conocer en poco tiempo elementos importantes sobre lo sucedido.
Es, desde luego, parte de las responsabilidades que corresponden a la institución encargada de preservar el orden público y perseguir a quienes infringen la ley.
Pero así, como la Policía ha estado en el centro de cuestionamientos por actuaciones indebidas de algunos de sus agentes, también resulta justo reconocer cuando realiza su trabajo de manera eficiente y ofrece respuestas oportunas a la sociedad.
Precisamente por eso, la forma en que se desarrolló esta investigación puede servir como referencia para evaluar otros casos en los que, pese a la gravedad de los hechos, las respuestas no llegan con la misma rapidez ni permiten esclarecer con igual precisión lo ocurrido.
La ciudadanía tiene derecho a conocer qué factores hicieron posible que este caso avanzara con tanta celeridad y si esas mismas capacidades pueden aplicarse de manera consistente a otras investigaciones.
Como sociedad, debemos aspirar a una Policía eficiente, cercana y confiable; una institución que actúe siempre dentro de la ley y en protección de la mayoría que tiene derecho a transitar libremente por cualquier lugar sin temor a ser despojada de sus pertenencias o, peor aún, de su vida.
Reconocer cuándo la Policía hace bien su trabajo y señalar cuándo se aparta de lo correcto no son posiciones contradictorias. Ambas forman parte de lo que la sociedad debe exigir: una institución firme frente al delito, pero también respetuosa de los derechos de quienes está llamada a proteger.
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