Cuando el alero de los Pacers Damjan Rudez regresó de participar en un campamento de Básquetbol Sin Fronteras este mes, el serbio se percató de llamativos cambios.
Los espigados jugadores europeos que enfrentó en 2003 habían sido reemplazados por adolescentes más altos, fornidos y con mejor dominio de los fundamentos.
Quizás se trata de la evolución natural de una iniciativa que se concibió con el fin de transformar a promesas extranjeras, como Rudez, en jugadores destacados en la NBA y que luego puedan ser mentores de futuras generaciones de estrellas internacionales.
Quizás sea que los jugadores de hoy en día se desarrollan más rápido, como solían hacerlo los estadounidenses. El éxito de la iniciativa podría verse hoy con el draft de la NBA. Una cifra récord de 101 jugadores empezaron la pasada campaña.