Campaña sucia y desesperación

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Elías Brache

En alrededor de 40 días celebraremos elecciones generales, y lamentablemente todo parece indicar que entraremos en la fase de campaña sucia.

Algunos estrategas de los candidatos recurren a esta práctica cuando se han agotado todas las vías civilizadas posibles para detener el empuje del contrincante.

Dicho lo anterior, es fácil inferir quién se encuentra por debajo en las preferencias de los ciudadanos con solo observar de dónde provienen los insultos, pues como dice el dicho popular “el que tá bueno no forza” o en términos políticos “el que está ganando no pelea”.

Lo cierto es, que a la mayoría de los votantes lo que les interesa es escuchar propuestas y mecanismos de solución a la inmensa cantidad de problemas que durante décadas no se han podido resolver.

Precisamente, ahí es donde entra en juego la capacidad de comunicar para convencer a los votantes de creer en un candidato, pues sería cuesta arriba depositar la confianza en alguien que quiera dirigir la nación pero que no sea capaz de articular con coherencia su mensaje de como gobernar.

Desconozco si en los próximos días se celebrará algún debate o si finalmente todos los candidatos con posibilidad de triunfo estarán presentando sus propuestas en el ya reconocido almuerzo de la cámara americana de comercio. Ausentarse de esos escenarios revelaría una debilidad vital para todo el que quiera ser considerado un estadista.

La peor consecuencia de esto es que el escenario electoral se tornaría sumamente agresivo, con un candidato que apoyado en estridencias intentaría desviar el foco de atención de su debilidad comunicativa.

Entonces seremos todos testigos de actos de desesperación.

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