Cambio o hipocresía

A juzgar por las reacciones y las expresiones surgidas tras la lamentable muerte de la adolescente Emely Peguero, se podría afirmar que el pueblo dominicano se encausa a una profunda transformación moral y cívica.

Hemos de suponer que cada persona que en la raíz de esta tragedia ha llamado a retomar los valores familiares es porque está presto retomarlos.

Quienes se han rasgado las vestiduras proclamando la necesidad de revalorizar la vida como bien máximo del ser humano deben haber hecho ellos mismos la reflexión y empiezan a no relativizarla.

Los padres que ahora se escadalizan porque la falta de atención o las crianzas inadecuadas degeneran en situaciones como la que ahora entristece, se supone que ya están abriendo el camino del diálogo con sus hijos.

Los jóvenes que lloran esta tragedia, de seguro que empiezan a hacer los ajustes en su comportamiento para no lastimar a otros.

Frente a la memoria de Emely Peguero se ha proclamado tanto eso de educar en valores, que se debiera dar por descontado un reenfoque del proceder de cada quien.

Se ha aborrecido tanto la actuación de la madre del principal sospechoso que se ha de suponer aprendida la lección y que en lo adelante los padres se empeñarán en dar buenos ejemplos a sus hijos, a orientarlos por el camino del bien y asegurarse de que paguen las consecuencias cuando si se violentan alguna disposición legal o moral.

Si cada uno cambia para bien y se asegura de no cometer los errores a los que se le atribuye la tragedia de Emely, entonces su muerte no habrá sido en vano.

De lo contrario, estamos frente a un nuevo episodio de hipocresía nacional.