Cajón de sastre
Cada vez que alguien pasa la lupa sobre el tráfico de vehículos en las ciudades y en las carreteras, pero muy particularmente sobre el Gran Santo Domingo, hay algo inesperado que sale a relucir, más allá del concho urbano o interurbano, del motoconcho o el delíveri.
Es un cajón de sastre en el que puede ser encontrado de todo y cualquier cosa es pasible de ser examinada, con la certeza de que juega algún papel en el rompecabezas de cada día para millones de personas al salir de sus casas antes del amanecer y al regresar.
Un ejemplo, el estacionamiento de vehículos junto a ambas aceras de las calles.
En ciertos casos la causa puede ser considerada una necesidad, porque en algún lugar debe ser dejado el carro. En otros, es un asunto cultural, porque es el lugar más cercado al lugar de trabajo.
Lo mismo que espera el usuario del concho cuando le pide la parada al chofer: que lo deje tan cerca como sea posible del lugar en que hizo la demanda.
A este tipo de comportamientos algunos los denominan “culturales”, tal vez queriendo decir que es de tal manera habitual en la población que puede ser considerado una pauta social en su forma de vida.
El estacionamiento en paralelo es un hecho común en los barrios del Gran Santo Domingo, en algunos casos porque al construir las casas se pensó en un vehículo y en pocos años tenían varios, o porque el espacio para la vivienda no permitía hacerle lugar bajo techo a uno o varios carros.
Que la gente del vecindario estacione sus medios de transporte en la calle, dejando apenas un espacio por el que cabe uno a la vez, puede producir incomodidades un día u otro. Pero cuando esto ocurre en partes céntricas a cualquier hora del día el resultado es el tapón todos los días.