Caja de Pandora
Una simple denuncia hecha por pasajeros de un vuelo de la línea aérea Iberia, cuyos equipajes fueron violados y saqueados hasta ahora impunemente, ha sido suficiente para destapar la Caja de Pandora de donde han salido a relucir conductas delictivas e irresponsabilidades sospechosas en el complejo mundo de la aeronáutica nacional e internacional.
La denuncia, formulada a través de EL DÍA, ha desatado docenas de llamadas telefónicas a este diario, de personas que confiesan haber sido víctimas alguna vez de robos parecidos, sin que, en la mayoría de los casos, reciban una compensación de parte de las líneas aéreas ni de otras instancias que intervienen en el manejo de los equipajes.
El pasajero, lamentablemente, está terriblemente desprotegido. De nada sirve una multitud de organismos para que el simple ciudadano deje de ser una presa indefensa de un sistema totalmente ineficaz, del cual forman parte la Junta Aeronáutica, la Comisión Aeroportuaria, el Departamento Aeroportuario, los aeropuertos (Aerodom), el CESA, las líneas aéreas grandes y pequeñas, los concesionarios de rampa, y otros.
El asunto reviste una gravedad que no es para cruzarse de brazos, pero lamentablemente el mal sigue ocurriendo, todo el mundo lo sabe y nadie le pone el cascabel al gato. ¡Pobre país!
Hay que concluir aceptando que son puras mentiras todas las declaraciones oficiales y privadas que se formulan para ponderar supuestos adelantos materiales e institucionales en el país. Porque mientras los ladrones sigan haciendo de las suyas impunemente y todos aceptemos esa realidad como algo normal, sólo seremos un paisaje, nunca un país.