Buenas intenciones

Teófilo “Quico” Tabar, administrador de la Lotería Nacional y coordinador del Consejo de Seguimiento a la Regularización de Bancas de Lotería, Apuestas Deportivas y otros Juegos de Azar, tiene unas ideas que ha empezado a compartir con la esperanza de ponerlas en práctica cuando el Congreso Nacional apruebe una ley para el sector.

¿Y es que alguien sabe en el país cuándo los legisladores se ocuparán de un asunto de este calibre? Antes de avanzar demasiado en sus esfuerzos, Tabar debe hacerse con una radiografía de alta definición del Congreso Nacional, para que no cuenten, y es posible que, equipado con este instrumento, caiga en la cuenta de que el de los juegos de azar debe ser uno de los sectores más poderosos en las cámaras legislativas, hombre por hombre.

Sentarse a esperar
La de los juegos de azar debe de ser la actividad más productiva y menos arriesgada de cuantas se practican en el país, a la sombra o a la luz del día o de los reflectores. Y todavía más: algunos legisladores tienen bancas, así que los años de un proyecto de ley sobre el sector pueden llegar a ser tantos como los que pasó el Código Penal para ser reformado, al que se le cuentan por decenios si nada más son tomadas en cuenta las iniciativas impulsadas en este siglo. Las maneras de retrasar el paso de un proyecto son múltiples, como lo ha mostrado el Código Penal.

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