Buena vecindad
Los que valoran las relaciones de los dominicanos desde el punto de vista del comercio tienen muy buenas razones para decir que nuestros dos socios principales son Haití y los Estados Unidos de América. Tienen razón, pero también son primeros en las relaciones de vecindad, que no es poca cosa, y en la política, campo en el que ayudan a decidir, a veces sin darse cuenta, innumerables situaciones en las que podemos quedar entrampados.
El cultivo de la buena vecindad con uno y otro es un signo positivo en la política exterior de cualquier gobierno dominicano. Con Haití tenemos una frontera terrestre que nos obliga a la atención permanente por razones de seguridad, salubridad, medioambiente, sostenibilidad de recursos y soberanía. Con Estados Unidos también, a pesar de la distancia.
En Estados Unidos tenemos, además, el espejo en el que muchos solemos mirar en busca del modelo de sociedad que queremos. Millones de dominicanos, cuando piensan en el lugar en el que les gustaría trabajar o buscar atenciones personales especializadas, como pueden ser las de salud o educación, para señalar sólo dos áreas, suelen llevar los ojos hacia el pueblo de los Estados Unidos.
La presencia del presidente de Haití, Jovenel Moïses, en la toma de posesión del presidente Luis Abinader es una buena señal. El que haya sido invitado y que haya aceptado estar presente es un buen comienzo. Lo mismo la anunciada participación en los actos del secretario de Estado Michael (Mike) Pompeo.
Cualquier esfuerzo por sostener una buena vecindad debe empezar por estos dos pueblos, y mientras más temprano se fortalezcan los lazos recíprocos, tanto mejor.
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