Brasil y Haití

Haití tiene un destino democrático, pero la conquista de la democracia tiene un alto costo para los países que salen de un régimen fuerte y dictatorial.

En el pasado reciente el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una extensión al periodo de permanencia de la misión de paz (Minustah) que mantiene en Haití.

La visita de Dilma Rousseff, independientemente de las decisiones del organismo internacional, tuvo como objetivo fijar la posición de retirar parte de las tropas que tiene Brasil en el país de un contingente compuesto por 11 mil 600 miembros en la actualidad.

La mandataria brasileña ponderó, además, prestar asesoramiento técnico a Haití en materias como la producción de cereal y la salud, en el desarrollo del programa “Abajo el hambre”, así como cooperación técnica en áreas vitales como la seguridad, la justicia, el deporte y el medio ambiente.

El interés que puso la República Dominicana a esta visita es de primer orden.

No solo porque compartimos frontera y problemas con Haití, sino por las razones planteadas –que incluye acciones importantes, ya que Brasil contribuye con 40 millones de dólares en el proyecto de construcción de una central hidroeléctrica sobre el río Artibonito, con potencia instalada de 32 megavatios; y que incidirá en su desarrollo económico.

Esa visita de la presidenta de Brasil es una muestra de que Haití cuenta con el potencial de las condiciones políticas y las relaciones internacionales, que canalizadas correctamente y por las vías institucionales podrían contribuir a captar lo que ahora le hace mucha falta: capitales e inversiones -más que la presencia militar- que puedan movilizar a Haití de manera firme a la conquista de un futuro promisorio.