Benevolencia, Clientelismo o Desorden
Más allá de los rasgos de corrupción que comporta el nuevo escándalo suscitado con la compra de útiles escolares en el Senado de
Uno de los problemas esenciales en todos los diagnósticos, con una gran repercusión en la baja calidad de la educación del país, lo constituye sin ninguna duda, el tema de los pocos recursos que el Estado dedica, a este sector, tan vital para los propósitos de desarrollo económico, social y político de la nación.
Las razones que constantemente alude el gobierno para justificar este comportamiento, van, desde que el nuestro es un Estado pobre, hasta que el 40% del presupuesto se destina al pago de los servicios de
Sin embargo, cuando se pasa balance, a la cantidad de dinero público y a la diversidad de instituciones que justifican gastos, nada despreciables, en actividades y tareas propias del área educativa, (casi siempre despojada del más mínimo pudor y valor ético); una se pregunta. ¿No daríamos una muestra de mayor eficiencia y eficacia, si todos los recursos públicos que se destina a la educación se concentraran en
Una cuestión que debemos superar es precisamente la dispersión de recursos que supuestamente tienen un mismo fin. Sin restar mérito a los programas que realiza el Despacho de
Lo propio ocurre con el otorgamiento de becas. Cualquier cantidad de instituciones públicas deciden bajo los criterios que se le ocurran a sus incumbentes regalar becas para estudio, pese a que
La justificación del BARRILITO del Senado son las obras sociales que según ellos, deben proveer los Senadores a sus provincias. No importa que existan los ministerios de Salud, Educación, o un gabinete de políticas sociales, etc. Con el gasto del barrilito en cuatro años, en manos de
¿Será la benevolencia la que explica el caos? Este desorden sólo se explica por el decidido afán que late en la mayoría de nuestros funcionarios, de usar como propio lo que es propiedad de todos. Por el clientelismo descarnado que está en la médula de nuestro sistema político, la pobreza institucional del Estado y la ausencia de una ciudadanía con sentido de pertenencia de lo público, dispuesta a movilizar sus energías para reclamar derechos y pedirle cuentas a sus representantes.
*La autora es ex presidenta de la ADP y dirigente del MIUCA
