Benevolencia, Clientelismo o Desorden  

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Más allá de los rasgos de corrupción que comporta el nuevo escándalo suscitado con la compra de útiles escolares en el Senado de la República, cuyo fin es evidenciar la “benevolencia” de nuestros Senadores, me mueven a la reflexión dos cuestiones reflejadas en la referida acción, que hacen del nuestro un Estado ineficiente e ineficaz.

Uno de los problemas esenciales en todos los diagnósticos, con una gran repercusión en la baja calidad de la educación del país, lo constituye sin ninguna duda, el tema de los pocos recursos que el Estado dedica, a este sector, tan vital para los propósitos de desarrollo económico, social y político de la nación.

Las razones que constantemente alude el gobierno para justificar este comportamiento, van, desde que el nuestro es un Estado pobre, hasta que el 40% del presupuesto se destina al pago de los servicios de la DEUDA Externa. En tales circunstancias es imposible, aumentar la inversión en la educación, afirma.

Sin embargo, cuando se pasa balance, a la cantidad de dinero público y a la diversidad de instituciones que justifican gastos, nada despreciables, en actividades y tareas propias del área educativa, (casi siempre despojada del más mínimo pudor y valor ético); una se pregunta. ¿No daríamos una muestra de mayor eficiencia y eficacia, si todos los recursos públicos que se destina a la educación se concentraran en la Secretaría de Estado correspondiente?

Una cuestión que debemos superar es precisamente la dispersión de recursos que supuestamente tienen un mismo fin. Sin restar mérito a los programas que realiza el Despacho de la Primera Dama, no me parece lógico que tenga una especie de ministerio de educación paralelo, que gaste cualquier cantidad de recursos en áreas sociales para las cuales existen instancias encargadas.

La Lotería Nacional, regaló a los Diputados y Diputadas, al inicio de este año, algo más de 27 millones de pesos, para compra de juguetes a los “niños y niñas pobres” mientras a muchos se les niegan el derecho a un baño digno en su escuela por “falta” de recursos.

La Cámara Alta para no dejar atrás la cara “BONDADOSA” de sus integrantes, también para los niños/as pobres, dedicó según las crónicas, más de 15 millones de pesos en compra de útiles escolares, cuya transacción está envuelta, en un manto de oscuridad de oscuridad que debe ser aclarado.

Lo propio ocurre con el otorgamiento de becas. Cualquier cantidad de instituciones públicas deciden bajo los criterios que se le ocurran a sus incumbentes regalar becas para estudio, pese a que la Secretaría de Educación Superior Ciencias y Tecnología ha mostrado eficiencia en el manejo de los programas relacionados con este propósito.

La justificación del BARRILITO del Senado son las obras sociales que según ellos, deben proveer los Senadores a sus provincias. No importa que existan los ministerios de Salud, Educación, o un gabinete de políticas sociales, etc. Con el gasto del barrilito en cuatro años, en manos de la SEE, si se maneja correctamente, se habría construido muchos baños, bibliotecas, laboratorios y hasta algunas escuelitas, como la de la comunidad de la Piña de San Cristóbal que la espera hace más de cinco décadas.

¿Será la benevolencia la que explica el caos? Este desorden sólo se explica por el decidido afán que late en la mayoría de nuestros funcionarios, de usar como propio lo que es propiedad de todos. Por el clientelismo descarnado que está en la médula de nuestro sistema político, la pobreza institucional del Estado y la ausencia de una ciudadanía con sentido de pertenencia de lo público, dispuesta a movilizar sus energías para reclamar derechos y pedirle cuentas a sus representantes.

*La autora es ex presidenta de la ADP y dirigente del MIUCA