Batalla campal matiza la huelga en Colombia

Movilización. Los colombianos se apoderan de las calles para protestar contra el Gobierno. Efecto. La jornada prácticamente paralizó el comercio y el tráfico en las principales avenidas.

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La policía enfrentó la movilización en las calles de Bogotá de estudiantes y trabajadores.

BOGOTÁ, COLOMBIA.-El alcalde de Cali, Maurice Armitage, decretó ayer el toque de queda en esa ciudad, la tercera de Colombia, para contrarrestar el vandalismo que se desató en algunos barrios durante la jornada de protestas en el país contra la política económica y social del Gobierno del presidente Iván Duque.

“A partir de las siete de la noche nadie puede estar en las calles, en toda la ciudad”, manifestó el funcionario y dijo que la medida cuenta con la aprobación del ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, y de la gobernadora del departamento del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro.

El funcionario lamentó que el esfuerzo de “las 20,000 personas que marcharon en paz se vea empañado por las acciones criminales de unos pocos”.

Para evitar desmanes, el Gobierno puso en marcha medidas de seguridad que incluyen el cierre de las fronteras, despliegue de policías, vigilancia aérea y refuerzo de militares si es necesario en algunas ciudades.

En la Plaza de Bolívar de Bogotá se produjo una batalla campal entre vándalos encapuchados y la Policía, al cierre de las manifestaciones contra la política económica y social del Gobierno del presidente Iván Duque.

Los encapuchados intentaron entrar a la fuerza en el Capitolio Nacional, situado en el costado sur de la plaza, y en el Palacio de Líevano, sede de la Alcaldía, en el lado oeste, lo que llevó a la reacción de la Policía. Los desórdenes comenzaron cuando la mayoría de los participantes en las manifestaciones, que transcurrieron pacíficas en su mayor parte, se retiraban del centro de la ciudad.

Los vándalos arrojaron piedras y cócteles molotov contra los policías y también arrancaron las mallas instaladas por las autoridades para proteger la fachada de edificios históricos del centro de la ciudad, así como la estatua del Libertador Simón Bolívar, ubicada en el centro de la plaza.

En la arremetida, algunos manifestantes intentaron detener a los vándalos, pero fueron superados por estos, que además atacaron comercios situados a lo largo de las carreras séptima y octava, en el centro de la ciudad.

“Algunas minorías han cometido numerosos actos vandálicos y agredido a nuestros policías”, manifestó en su cuenta de Twitter el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, quien agregó que también hubo disturbios en los alrededores de la Universidad Nacional y en el cruce de las avenidas Suba y Boyacá, en el norte de la capital.

La respuesta policial impidió el ingreso de los encapuchados al Capitolio, la Alcaldía y otros edificios públicos, mientras los manifestantes que quedaban en la Plaza de Bolívar se retiraban del sector.

Según el director de la Policía, general Óscar Atehortúa, se reportaron 28 policías heridos en todo el país, tres de ellos en Bogotá, en donde también fue incendiada una motocicleta de la institución.

El Gobierno Nacional recordó esta semana a alcaldes y gobernadores que son ellos los responsables del mantenimiento del orden público y les autorizó a decretar el toque de queda, la ley seca y la prohibición del porte de armas si lo consideran necesario.

Los escándalos

— Corrupción
La protesta contra el gobierno constituyó un rechazo a la corrupción que deja pérdidas de 14,560 millones de dólares y señala escándalos multimillonarios como el de Odebrecht y la Refinería de Cartagena (Reficar).

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