Barcelona se impone 2-1 ante Real Madrid

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Madrid.-La nueva versión del clásico, ubicada ahora en la Copa del Rey, desempolvó la cara más oscura del Real Madrid, la elegida por un técnico, José Mourinho, desorientado y resignado a la inferioridad ante un rival siempre mejor, que sigue a lo suyo y que agranda cada vez los números favorables respecto a su gran adversario.

Pep Guardiola recibió un nuevo regalo en su 41 cumpleaños.

Una victoria más. No hay antídoto contra el preparador azulgrana, que acumula ya cinco victorias, tres empates y una sola derrota, la de la final de la Copa del Rey. Mourinho, en busca de la pócima mágica, indagó entre ingredientes del pasado. Su aspecto más rácano.

De entrada, su once fue una declaración de intenciones evidente. Todas las fórmulas empleadas por Mourinho habían sido un fracaso. Excepto la final de la Copa del Rey del pasado año.

El portugués, que recientemente, tanto en la Supercopa como en el encuentro de Liga, había optado por una apuesta más aseada, más futbolística, rebuscó en los recursos de antaño. Cierto desprecio al balón. Cierto rechazo al talento.

La fórmula ya fracasó en la Liga de Campeones del pasado curso. El Bernabeu no está acostumbrado a asumir el sometimiento rival. Pero hasta en eso no protestó a su técnico.

Están a muerte con el luso, al que ven aún como guía hacia el éxito. Como el único capaz de derribar el absolutismo azulgrana. El Real Madrid adoptó la condición de visitante en su propio estadio. A pesar del aspecto casero de Mourinho.

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