Balaguer en el Mirador Sur

Rafael Chaljub Mejìa
Rafael Chaljub Mejìa

El Ayuntamiento del Distrito acaba de oficializar la designación del Mirador Sur con el nombre de Joaquín Balaguer. Una de las estaciones del Metro también se llama así, aunque a la estación siguiente le pusieron Amín Abel, una de las grandes víctimas del régimen violento que ese mismo Balaguer encabezó.

Con el voto de sus opositores, tan acosados y perseguidos en ese régimen, el Congreso declaró a Balaguer Padre de la Democracia. A pesar de haber sido uno de los padres de la tiranía trujillista; de haber prostituido los poderes públicos, al Ejecutivo lo convirtió en instrumento de su voluntad autoritaria y sus pasiones personales; al Congreso, en una herramienta dócil y, en el poder judicial, militarizó los tribunales, instaló verdaderas cortes marciales, con oficiales militares activos o veteranos, que como en los tiempos de Pedro Santana, condenaban a los opositores “a verdad sabida y buena fue guardada”.

Hace tiempo mutilaron al patricio, cuando a la carretera Duarte le quitaron el nombre entre Santiago y Navarrete para llamarla avenida Joaquín Balaguer.

Aquí abundan los despropósitos. A la avenida Enrique Jiménez Moya le pusieron en su mayor parte dizque Winston Churchill, que tal vez ni supo que nuestro país existía. En otra ocasión, por poco le quitan el nombre a la avenida Charles Sumner, el senador por Massachussetts, que, al decir de don Américo Lugo, en 1870, con dos discursos salvó República Dominicana, para ponerle el de un empresario radial.

Dice la señora alcaldesa, que a un hombre que se entregó al país, se le debe honrar protegiendo su legado. ¿Cuál legado? ¿El de la corrupción que solo se detiene “en la puerta de mi despacho”; el de los fraudes y los “apagones” electorales; el de la represión o el del servicio impúdico a Trujillo? Si el legado es el de las obras construidas, sépase que las obras materiales no son el criterio esencial para juzgar y rendirle honores a determinado personaje.

De ser así, y como Duarte, Sánchez ni Mella fueron sus constructores, designemos las tres principales carreteras del país construidas bajo la ocupación militar yanki, con el nombre de Infantería de Marina, y olvidemos el agravio a la patria y el terror que ese cuerpo implantó. O, volvamos a ponerle Ciudad Trujillo a la capital.

No hay dudas, Balaguer ha sido santificado oficialmente, y ni siquiera por los reformistas, sino por algunos que dijeron ser sus opositores. Aquí la memoria histórica anda patas arriba y hay que hacer un gran esfuerzo para ponerla de pie.

Sobre el autor

Rafael Chaljub Mejía

Columnista de El Día. Dirigente político y escritor.