Lunes, 20 de mayo, 2019 | 5:01 pm

Avizoro el barco “Piratas del Birán” cargado de esperanza, sueños y turistas



Qué se espera para que surque en los mares del Sur el barco, ferry o catamarán “Piratas del Birán” con su carga de turistas, esperanza y sueños. Aunque las vías terrestres hacia esta región han mejorado sustancialmente en los últimos años, una travesía en buque sería altamente gratificante, placentera y constituiría un potencial atractivo para el transporte turístico y de pasajeros.

Podría ser un buen atrayente por ejemplo, para turistas que arriben a Santo Domingo y deseen trasladarse vía marítima para conocer las costas, y al Cortecito y las Dunas de Baní; a Bahía de las Águilas en Pedernales y a los hermosos litorales de Barahona. También sería una alternativa para el transporte de pasajeros y el turismo interno, ya que los ciudadanos podrían llevar sus vehículos, bajar en el emblemático muelle de Barahona, o en Pedernales, y así recorrer las zonas por tierra y luego retornar al navío que lo traería de nuevo a la capital, constituyéndose esta iniciativa en un potente aliciente para el desarrollo turístico de esta atractiva y hermosa, pero preterida región del país.

Ya es conocido que capitales nacionales (¿asociados a inversionistas extranjeros?) y que se reputan de inversiones emergentes, han comenzado a desarrollar atractivos turísticos en las costas de Barahona. Asimismo, veteranos inversionistas locales del sector comenzaron a hacer lo propio en Baní.

Pero sabían ustedes que esas improntas inversionistas en el Sur tienen un retraso de más de 30 años. Un estudio realizado por expertos extranjeros que legó el Plan Maestro para el desarrollo turístico del país, había recomendado iniciar dicho proceso por el Sur, pero “mentes maestras”, apoltronados intereses, desviaron la razón de ser de dicho plan estratégico para beneficiar a la región Norte, específicamente a Puerto Plata. La historia es bien conocida por pioneros del turismo de aquella época, e incluso se atribuye a este cambio muchos de los problemas que confronta hoy la zona de Puerto Plata en su expansión turística. Puerto Plata sería el segundo o tercer polo turístico a desarrollarse, porque primero sería el Sur o Montecristi según el Plan Maestro, al que solo oso referirme como ciudadano neófito en la materia, ya que otras versiones plantean un interés estratégico de Estados Unidos para que se inicie por La Novia del Atlántico.

Intuyo como buen sureño, sin embargo, que esta es la hora del Sur, la hora de Dios. Y que es ahora cuando debemos comenzar a plantear la posibilidad del transporte marítimo para turismo y de pasajeros hacia las pletóricas tierras sureñas.

Que se conozca, en República Dominicana no existe ni se ha planteado siquiera la alternativa del transporte marítimo formal de pasajeros, ni para turismo ni para carga, pese a que como isla tenemos el mar como avalúo por tres costados. Ahora nos entusiasmamos con el transporte en trenes, el cual ya usamos en el transporte de pasajeros en la ciudad, en los campos cañeros para llevar la caña hacia el ingenio, y que ya habíamos usado para transportar personas en poblados del Norte del país (verbigracia ferrocarril Sánchez-La Vega y ferrocarril Puerto Plata-Santiago en manos, uno de una compañía privada escocesa y el otro de la estatal Ferrocarril Central Dominicano).

Pero todavía no atinamos a poner la vista en el transporte marítimo. Seguimos siendo una isla con una visión de desarrollo de continente. No obstante, creemos llegado el momento para explorar esa posibilidad, que están dadas las condiciones y que se debe comenzar por el Sur, la región con más expectativa de desarrollo turístico emergente.

Visualizo, por tanto, un gran barco lleno de turistas y pasajeros desembarcando en el muelle de Barahona, otrora icónico puerto de exportación de azúcar, sal y yeso y productos agrícolas. Veo al “Piratas del Birán” surcar mares y hacer paradas en Baní y Bahía de las Águilas en Pedernales. O para fines románticos, anclado en la costa de Barahona una madrugada de octubre o un mes cualquiera, a la espera de una impresionante puesta de sol.

 (A Manolo, de Barahona, amigo deportista de la adolescencia).

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