Aviso de vida o muerte
Así como se lee, el agua es un asunto de vida o muerte. La afirmación es elemental, pero aún así pocos esfuerzos van dirigidos a lograr la preservación de ese recurso indispensable para poder seguir viviendo.
Tanto a nivel de los gobiernos (de todo el mundo) como de los individuos (de todo el mundo) hay una terrible e inexcusable indiferencia frente al hecho de que el agua se está acabando.
Las estadísticas a las cuales hemos tenido acceso, aunque un poco atrasadas, nos dan una clara idea de la magnitud del problema en la República Dominicana: mientras en 1970 disponíamos de 4,850 metros cúbicos de agua por persona y año, en el año 2006 esa cifra había descendido a 2,000 metros cúbicos.
Una de las razones para que vayamos en ese rumbo mortal es que, mientras la población aumenta, muchos cauces superficiales de agua se han secado y los acuíferos subterráneos se van contaminando sin controles adecuados.
Entretanto, la gente sigue desperdiciando el agua. Llaves abiertas, tuberías rotas, dispendio en mangueras abiertas todo el tiempo y otras formas aparentemente insignificantes, suman un derroche irrecuperable del líquido vital.
Es preciso que se corrijan puntualmente todos los casos que se vayan detectando, ya que éstos son visibles y están a nuestro alcance, pero al mismo tiempo se hace necesaria una supercampaña de concienciación a nivel nacional y de carácter permanente, para educar a la población sobre la importancia que tienen la preservación y el ahorro del agua.
Esa campaña le corresponde al Gobierno y al sector privado, por partes iguales. Que ambos dediquen a esa campaña aunque sea un pequeño porcentaje de lo que gastan actualmente en publicidad, porque la suma de todos esos aportes podría garantizar un buen comienzo para enfrentar esta grave situación, la cual no lo olvidemos- es, pura y simplemente
de vida o muerte.
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