En 1965 llegaron a nuestro país más de 45 mil soldados estadounidenses, armados hasta los dientes, con acorazados y destructores bordeando nuestras costas. Durante cerca de cuatro meses, miles de dominicanos resistieron a sangre y fuego una invasión que parecía imposible derrotar. Con escasas armas, pero con enorme dignidad, defendieron nuestra soberanía.
Esos sí eran patriotas. No solo porque defendían la patria, sino porque lo hacían en condiciones desiguales, arriesgando sus propias vidas.
Hoy vemos a unos supuestos “patriotas” que enarbolan discursos contra Haití, mientras se comportan como serviles ante Estados Unidos.
Sacar músculos frente al débil y arrodillarse ante el fuerte no es valentía, sino cobardía.
No son herederos de Duarte, sino de Pedro Santana, quien combatió a Haití para luego anexarnos a España. Tampoco pueden mirarse en el espejo de Luperón, sino en el de Buenaventura Báez.
No los escuché protestar cuando cedimos nuestras bases aéreas para apoyo logístico a operaciones militares estadounidenses; ni cuando nos involucraron en conflictos ajenos; ni cuando aceptamos imposiciones comerciales que perjudican a nuestros productores.
¿Por qué esos “patriotas” no exigen a Estados Unidos asumir su responsabilidad frente a la crisis haitiana de la cual son los principales responsables? ¿Será que valoran más sus visas que la soberanía nacional?
El patriotismo no consiste en odiar al vecino débil y rendirle pleitesía al poderoso. La patria se defiende frente a cualquiera que pretenda someterla. Lo demás es oportunismo disfrazado de patriotismo.
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