Así al menos la derrota será digna

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“No existe ningún ser humano lo bastante fuerte e inteligente para evitar mediante palabras o acciones el destino fatal que le deparan las leyes inevitables de su propia naturaleza y carácter” (Sandor Marai).

En el actual torneo electoral es evidente que la mayor cantidad de votos la recibirán dos personas.

Uno de ellos es el líder:

Viene de soportar durante años, una de las más grandes y asquerosas campañas de difamación que se haya orquestado en contra de político alguno, la cual incluyó desmeritar su obra de gobierno y por supuesto su capacidad como jefe de una nación.

El líder no se amilanó, bajo fuego cruzado, decidió, sancionó a los responsables sin temor al costo político, hizo lo correcto, más aún, sus acciones en ese momento sustentan la tranquilidad de ese importante sector de la vida nacional.

Todo ello lo colocó en una situación difícil; no controlaba su partido, muchos de sus adeptos lo abandonaron y el líder aún con todo el estiércol que le fue lanzado, se levantó y pulgada a pulgada, tramo a tramo, su sonrisa a flor de piel, sus gestos, su franqueza, lo fueron colocando en el sitial que se merece.

Logró sobreponerse. Como se dice popularmente “peleando abajo” obtuvo una victoria sorprendente, la que definió su ascenso hasta la cima de la popularidad en relación a cualquier otro político dominicano.

El otro es el candidato:

El candidato siempre ha merodeado el poder. Es un “segundón” consumado que ya una vez intentó ser Presidente y fue derrotado por el líder contrario, luego intentó enfrentar al líder de su partido y fue aplastado. “Me venció el Estado” dijo antes de abrazar el ostracismo.

Durante años no se supo de él y ahora, cuando resurge, “le pichan huevita”. Primero gana la candidatura contra una serie de “wanna be” y como si fuera poco, le tienen que limpiar el camino con la esposa del líder, que a su vez, cual cartaginés, le perdona la vida en un acto en el palacio de los deportes, desistiendo de postularse para un tercer período.

Como si fuera poco, a esos mismos ahora les tiene que “pelar el diente”.

Mientras asistimos a la burda violación de los procesos y leyes al aprobar el presupuesto del año 2012, el candidato calla y observa como sus compañeros de partido, incluyendo su propia hermana, se burlan de las demandas que hace la sociedad.

Una vez más se conforma, se apandilla, no da la pelea.

De hombros caídos, mirada triste, somnífero tono de voz y teórico por “default”, el candidato no controla nada. Mientras es auto devorado, reacciona con el silencio acomodaticio, reflejo de la madeja de incongruencias que representa.

Sumergidos en el olvido, con los peores indicadores de desarrollo en la historia de nuestra nación, con un Estado que ya no le paga a sus propios empleados (Cancillería, Lotería, Ejército Nacional), ¿es que este hombre no se “sacudirᔠnunca?

“El que no tiene carácter no es un hombre: es una cosa”, sentenció una vez el académico y moralista francés Nicolas Chamfort.

Desempolve el carácter, así al menos la derrota será digna.

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