Arrancar el crimen y el vicio de raíz

Arrancar el crimen y el vicio de raíz

Arrancar el crimen y el vicio de raíz

Roberto Marcallé Abreu

MANAGUA, Nicaragua. Cuando uno mira despacio, sin ignorar ningún detalle, las miradas y las sonrisas, y contempla esa expresión esperanzada y luminosa en los rostros de Alberto Grullón, de 21 años, y quien era su señora esposa hacía, apenas, doce días ¿la apacible alegría, los ojos luminosos, la expresión desbordada de esperanza?, se nos quiebra el alma a pedazos y nos sobrecoge una avasallante tristeza que, despacio, se transforma en un dolor muy hondo, tan hondo que es difícil de describir.

¡Tan jóvenes, tan llenos de vida, poseedores de esa tranquila y serena belleza, el espíritu tan desbordado de esperanzas!

Marina de León Jiménez, madre de la muchacha, nos cuenta los detalles de una historia de terror, dolor y angustia: “A doce días de casarse con mi hija y ya hoy está muerto. Le arrebataron la vida unos delincuentes que lo abordaron en su Uber, lo amarraron y lo mataron brutalmente para quitarle el carro, todo por pura maldad… porque pudieron dejarlo con vida, pero no: lo asesinaron”.

“Yo cuento con ustedes”, dijo, el rostro inundado de lágrimas, espiritualmente destrozada, “para dar con el paradero de esos desaprensivos para que expliquen por qué le troncharon la vida a este pobre muchacho, porque yo no sé cómo explicárselo a ella.

Jaime Rincón, un comunicador, narró conmovido que, días atrás, su propia compañera fue víctima de un intento de asalto y aún aguarda por una explicación de la policía. «Mi esposa, embarazada, fue atacada por un antisocial que por poco la arrastra para robarle la cartera Por poco mi bebé se me muere y no llega a nacer”, dijo.

El horror parece no tener fin. Similar caso ocurrió a la profesora Argentina Cuevas Jiménez, de 40 años, reportada como desaparecida el pasado domingo. Un familiar narró que “entró a la vivienda a cambiarse de ropa y, tan pronto abrió la puerta sintió un intenso olor a descomposición”. “Empecé a buscar el origen”, dijo. “El olor provenía de un tanque con ropa. En ese lugar encontré mi hermana, muerta”.

Desde antes de alcanzar la primera magistratura del Estado, el presidente Abinader dio muestras de su desvelo y preocupación por el progresivo estado de descomposición e inseguridad que, como un cáncer, ha ido devastando las entrañas de la sociedad dominicana.

No es para menos. ¿Quién ignora que este estado de cosas ha venido incubándose desde hace largo tiempo ante la indiferencia, -cuando no de la complicidad- de determinadas instituciones del Estado?

Ese estado de absoluta descomposición que se enseñoreó por años y años sobre todas las instituciones de la sociedad dominicana no va a cesar de un día para otro. Insisto en que nunca, como en los meses de los años 2019,y 2020, los dominicanos vivieron tan al margen de la ley y el orden. Por eso, nadie ignora los pasos trascendentes que se están dando para poner fin a este estado de cosas. El cambio debe ser sencillamente absoluto.

Los daños inenarrables provocados por unas autoridades corrompidas e insaciables no serán arrancados de raíz tan aceleradamente como se quisiera.

Incluso perdurarán por largo tiempo. La pandemia, a su vez, vino a incrementar el malestar que ya había sufrido el conglomerado social provocando oscuras desviaciones en la integridad de la gente y de las instituciones.

La esperanza de todos es que una persona serena, que ama a su país y que no tolera el desafuero, el abuso ni la anarquía generalizada, está ahora al frente de los destinos colectivos.

Aguardemos a que las intensas y profundas reformas que se ejecutan en las instituciones encargadas de preservar la normalidad, el orden y el correcto desenvolvimiento de la sociedad dominicana realicen su trabajo.

Los resultados no se verán de un día para otro. Pero se verán. Y tengamos la certeza de que las manifestaciones de descomposición, los crímenes y la conducta antisocial serán enfrentados hasta arrancarlos de raíz ahora y para siempre.



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Roberto Marcallé Abreu

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