Aquí nos conocemos todos

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Existen una serie de valores que en el frenetismo de la vida moderna, se disipan, no se contabilizan, de hecho, a veces se olvidan.

La importancia de esos valores es tal que, cuando hay problemas, de inmediato se recurren a ellos pues se reconoce que dinero, bienes, tecnología, preparación, etc. Todos están subordinados a esos valores.

Lo curioso es que quienes han hecho de esos valores una norma de vida, no necesariamente, son los que más plácidamente transitan el periplo terrenal.

Mantener un código de conducta intachable, en una sociedad con marcada vocación corrupta es no menos que una proeza. Lo increíble es que actuar de esa manera es objeto incluso de denotación. Qué irónico!

Tuve la suerte de estar bajo las órdenes de personas que creen en la rectitud como norma de vida y créanme la tranquilidad que genera laborar en ese ambiente, sólo puede ser definida como una bendición.

De una de ellas, mientras recorríamos el país, escuché decenas de anécdotas de José Francisco Peña Gómez. Soy testigo del brillo de sus ojos cuando narraba la historia, cuando justificaba una actuación basándose en la forma como se conducía Peña, y por supuesto, en el momento en que, callados, escuchábamos cual aprendices a la maestra, sin duda, la más fina expresión del legado peñagomista.

Su práctica política es un reflejo de la verdadera aplicación de los principios socialdemócratas. A la vez, es una abanderada de la transparencia y pulcritud. Una actitud clave de ella para recargar su vigorosa energía es el espacio reservado para la carcajada.

De otro de mis maestros, su firmeza. Recuerdo la tozudez de sus posiciones. Su rigidez en los planteamientos son ahora la lección aprendida para entender cómo se dirige una institución pública: es mejor no tener excepciones ni consideraciones, pues a la menor debilidad, los sinvergüenzas entran en acción.

De esa manera aprendí a combatir el falso sentido de amistad cuando se está en el poder y lo sustituí por el de salvaguarda de los fondos públicos.

Su lealtad partidaria a toda prueba, su moral incorruptible, sus principios mantenidos a toda costa. “Caco duro” como él sólo, sí; pero serio. Doy fe, lo sé, lo vi, lo viví, meto mi mano en fuego.

Existe otro caso en el cual no he tenido el privilegio de colaborar con la persona. Somos amigos por identificación de objetivos comunes; no hay ninguna relación de dependencia, simplemente un profundo amor por el ejercicio político transparente, por el sacrificio en aras de la mayoría y la devoción a los principios y normas que deben primar en la sociedad y en los partidos políticos.

Algo me dice que, en un par de alquileres más de películas, donde siempre coincidimos, sellaremos el respeto mutuo.

Estas tres personas son en ese mismo orden: Milagros Ortiz Bosch, Hugo Tolentino Dipp y Emmanuel Esquea Guerrero.

Los tres han ocupado importantes posiciones partidarias y en el aparato estatal, al día de hoy, nadie les conoce fortunas, nadie les conoce escándalos, nadie les conoce actos de corrupción. En cuanto a Milagros, vive alquilada en el mismo lugar desde el año 1970, o lo que es lo mismo, desde antes de que muchos de los que lean esto hubieran nacido.

En la casa de Emmanuel Esquea Guerrero se realizan las reuniones de su zona, de hecho se hacían las de la candidatura de Miguel Vargas en el año 2008, cuando este último aspiró a la presidencia y perdió.

Contra estas tres personas es que la saña ha volcado toda su bajeza, contra estas tres personas es que la mala calaña vocifera improperios, contra estas tres personas es que se regodea la pocilga.

Nada más contraproducente, nada más absurdo, nada más revelador, pues si así tratan a los íconos de un partido, a incontestables referentes morales dentro y fuera de la vida política,¿ cómo tratarán esos mismos, a un simple compañero cuando no estén de acuerdo con él?

Hablo por una gran parte de la sociedad cuando digo que más allá de las filiaciones partidarias, los ahora aborrecidos, cuentan con el respaldo de aquellos que reconocemos su ejemplo de moral acrisolada con el cedazo inmancable del tiempo.

Total….“esto es un patio, aquí nos conocemos todos”…

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