Apresamiento injusto no frena violencia

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Este 25 de noviembre se cumple un aniversario más de la muerte de las hermanas Mirabal y Rufino de la Cruz, desdicha que todos nosotros lamentamos, porque fue una muerte cruel y despiadada la que recibieron todos, y sin merecerlo.

De ahí que se escogió este día como el «Día Internacional de la no Violencia contra la Mujer» y sí bien es cierto que muchas mujeres son maltratadas por su pareja, e inclusive muchas son asesinadas por su pareja, pero con mayor frecuencia por una ex pareja que no acepta que la relación terminó, debemos reconocer que se trata de una aberración conductual que entre todos debemos erradicar mediante el diseño de un nuevo modelo de educación familiar y escolar.

Pero, en lo que ese nuevo modelo educativo llega, debemos entender que la violencia no es exclusiva del hombre hacia la mujer, como diariamente se nos quiere hacer ver, porque esas acciones salvajes son propias de cerebros dañados, indistintamente de que sea hombre o sea mujer, pues una persona mentalmente enferma no actúa por su condición de género, sino por su condición de enfermo mental, y lo que es peor, es que cuando se trata de hombres querellantes la justicia no acciona por considerarlo una debilidad masculina, sin embargo, si la querellante es una mujer entonces la justicia actúa de inmediato, aún sin pruebas irrefutables, no tanto para proteger a la mujer, sino para aparentar ante la prensa y ante la sociedad que la justicia sobreprotege a la mujer, lo que indica que en ese contexto en nuestra justicia no existe la necesaria equidad

«Las mujeres siempre pedimos equidad de género en todo lo que nos conviene, especialmente si sentimos que estamos en desventaja: trabajos, salarios, participación en la política, cargos en la administración pública, dirección de las empresas privadas, etc., pero practicamos la inequidad siempre que tenemos la oportunidad de estar por encima de los demás, o, peor aún, cuando queremos hacer maldad, y cuando se da este último caso de hacer maldad eso no es buscar equidad, ni es practicar inequidad, sino practicar iniquidad, pues los significados de equidad, inequidad con e, e iniquidad con i son totalmente distintos.

Lo que se ha hecho en esta semana con el conocido presentador de Tv, Julio Clemente, es el mejor ejemplo de inequidad convertida en iniquidad, es decir, una disparidad de género convertida en maldad de género, donde mujeres se pusieron de acuerdo para utilizar el Día Internacional de la Mujer para hacerle una maldad pública, a un hombre público, en un programa internacional visto por un gran público, y convertir esa fea acción en un show público, de muy mal gusto, pues en lugar de ayudarnos a las mueres, nos perjudica grandemente, porque esa muy fea acción del ministerio público ha sido muy criticada y totalmente rechazada por toda la población.

Todo el mundo estaba al tanto de las quejas expuestas por Julio Clemente en la Tv, pero las mujeres del ministerio público nunca le hicieron caso, y ahora, en el Día Internacional de la Mujer, para poner un mal ejemplo, pésimo ejemplo, bochornoso ejemplo, y repudiable ejemplo, apresan a Julio Clemente, demostrando que en materia de violencia doméstica la balanza se mueve para un solo lado.

Este pésimo ejemplo demuestra que nosotras, las mujeres, siempre exigimos la oportunidad de dirigir las instituciones, pero, lamentablemente, cuando nos dan la gran oportunidad de dirigir instituciones, muchas mujeres desperdiciamos la oportunidad, y en lugar de manejarnos con equidad, demostramos que somos lo que siempre hemos sido, mujeres que hemos acumulado resentimientos en contra de nuestra sociedad, pero muy especialmente en contra de los hombres que han estado en nuestra vecindad personal y familiar.

Hombres y mujeres debemos querernos y respetarnos mutuamente, para construir una sana sociedad de respeto mutuo, y eso incluye a quienes administran nuestras leyes, pues las leyes son las mismas para hombres y para mujeres, porque inclinar la balanza hacia un lado sería empeorar el problema y ponerlo equidistante de lograr esa línea de respeto que todos anhelamos.

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