Una aplicación que consume más batería de lo habitual, solicita permisos innecesarios, genera ventanas emergentes, aumenta inexplicablemente el uso de datos o instala otras aplicaciones sin autorización puede ser una señal de amenaza.
ESET Latinoamérica advierte que las aplicaciones maliciosas pueden comprometer información personal, contraseñas, cuentas bancarias y la privacidad del usuario. Identificarlas no siempre es sencillo porque suelen intentar pasar desapercibidas.
Otros indicios pueden ser que la aplicación se abra o cierre sola, no cumpla la función que promete o aparezcan cargos desconocidos en cuentas vinculadas al dispositivo.
La compañía aclara que una sola anomalía no confirma que una aplicación sea maliciosa, pero la combinación de varios comportamientos extraños debe despertar sospechas.
Si se identifica una aplicación sospechosa, la recomendación es no volver a abrirla ni introducir contraseñas o datos personales y revisar los permisos concedidos. En Android puede intentarse su eliminación desde ajustes y, si tiene privilegios de administrador, retirarlos antes de desinstalarla; en iPhone se puede mantener presionado el ícono y seleccionar “eliminar app”.
Después conviene realizar un análisis de seguridad para comprobar que no hayan quedado otros componentes maliciosos. Eliminar la aplicación no siempre termina el riesgo.