Amo a mis hijos (5 de 5 )

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Existen los defensores acérrimos de las tecnologías de los juegos, quienes aseguran que las mismas sirven para desarrollar diferentes áreas del cerebro y, como tal, son utilizadas desde los primeros años de los infantes en las salas de computación de las escuelas, como mecanismo de acercar el conocimiento de forma amigable a los pequeños.

El problema fundamental parece no estar en los aparatos, ni en los juegos, sino en las regulaciones que se ponen en el hogar.

Qué tiempo a la semana pueden jugar los chicos, en qué momento del día puede ser, cuáles son los temas de los juegos y qué otras responsabilidades deben cumplir para poder pasar a la consola de juego.

Sigue siendo la raíz del problema que estos muchachos, en la gran mayoría, son huérfanos de padres vivos, adultos que no están conscientes de que el cerebro de sus muy amados hijos aún está en formación y que en la temprana edad es cuando se aprende a discernir, a valorar y a razonar.

Es en los primeros años cuando se aprende de la mejor manera el valor de la familia, pues la familia que comparte, se divierte junta, comparte los alimentos y los quehaceres, es la familia que sabrá enfrentar situaciones difíciles si llegan.

Si de algún modo los padres logran ver y aceptar que pudieran estar viviendo estas situaciones, deben saber que como la adicción al juego, al alcohol, las drogas o cualquier otro vicio, esta también tiene solución, pero deben buscar ayuda.