Alina del Pilar
Ella me hizo padre. La recibí en mis brazos, envuelta en un paño verde, y por descuido de la enfermera me la llevé hasta el pasillo donde esperaba la familia.
Fue un milagro que no se me cayera de las manos, temblaba sin control, lloraba intensamente.
Aunque cada hijo mio representa un tercio de mi corazón, cada uno es la totalidad de mi alma, no hay matemáticas para calcular esa ecuación del amor.
Este sábado 24 se casó Alina del Pilar, la llevé al altar con tanto orgullo y miles de emociones desbordando mi existencia. Ha sido un regalo del cielo que poco he merecido, una excedencia del amor de Dios en mi vida.
Aprendemos de nuestros hijos más de lo que le enseñamos. Con Alina del Pilar he aprendido la sencillez, la tenacidad en el logro de sus objetivos, su corazón puro ha iluminado tantas veces mi existencia. Su sentido del orden y la amabilidad en el trato son tesoros de su vida.
Gastarnos en cuidar los hijos y apoyarlos da sentido a la vida. Su libertad siempre ha de ser protegida, no somos sus dueños, solo sus mejores amigos en este arduo y hermoso proyecto que es la vida. Esta paternidad se extiende en mi caso a mis estudiantes.
Ahora que ella emprende la vida por su cuenta, con un maravilloso esposo que ahora es hijo mio también, me queda la riqueza de su existencia a nuestro lado y la aventura que representa seguirla queriendo desde su autonomía.