Llama la atención la frecuencia de las detenciones de conductores dedicados al tráfico de personas en las provincias fronterizas, en la mayoría de los casos, y en ocasiones en comunidades un poco más alejadas.
Estas informaciones suelen estar contenidas en reportes del Ejército de República Dominicana destinados a los medios de comunicación.
De manera esporádica puede ser hallada en estas notas la reseña sobre un conductor de vehículo de motor que reincide en el ilícito.
Una muestra de este comportamiento es Víctor José Ferreira Barrientos, detenido a finales de febrero de 2025 en Sabana Cruz, municipio Villa Vásquez de Montecristi, con 20 haitianos indocumentados transportados en una yipeta. Visto así, escuetamente, es una detención más.
Pero ocurre que Ferreira Barrientos había sido detenido el día 30 de enero en Valverde, es decir, un mes antes, en otra yipeta cargada con 20 haitianos indocumentados y conducido ante un juez, el cual le impuso una coerción consistente en presentación periódica.
Por lo visto nos hallamos ante un negocio de profundas raíces y pingües beneficios en las provincias fronterizas y un poco más acá, como deja entrever la referencia del párrafo precedente.
Referir un hecho de hace un año pudiera dejar la impresión de que alguien está escribiendo historia en el espacio editorial del periódico. Pero hay algo más que esto.
En esta edición de EL DÍA tenemos la información de un canadiense, Creamer Troy James, cogido ayer en Santiago con 20 haitianos de condición migratoria irregular metidos como sardinas en una yipeta, y ocurre que este hombre había sido conducido la semana pasada ante un juez por el mismo delito, el cual le impuso arresto domiciliario.
Pero hay más: el día 15 de noviembre el canadiense había sido arrestado por el mismo delito, de lo que se desprende que cuando le fue impuesto el arresto domiciliario era ya reincidente.
Algo huele mal, muy mal, en la frontera.