Alerta fronteriza

Todo parecía indicar que Haití, con la instalación de un gobierno fruto de elecciones nacionales, y con el apoyo oportuno de la comunidad internacional, saldría del atascadero político y económico de la última década.

No es así. Bajo el gobierno de Jovenel Moïse, con un año de ejercicio, los problemas políticos y económicos se agudizan.

El gobierno del vecino país se debate entre altas y bajas, y el Poder Ejecutivo convoca a diálogos con partidos de la oposición e interlocutores sociales con el propósito de ver alternativas y soluciones a corto plazo.

República Dominicana, independientemente del proceso que vive el país, con unas elecciones en 2020 a todos los niveles, tiene que dedicar tiempo y atención a lo que se haga o deje de hacer en Haití, ya que se trata de nuestro más cercano socio comercial.

Sobre todo porque hay puntos estratégicos y muy sensibles de la agenda bilateral que están pendientes.

La inmensa mayoría, más que pendientes, en suspenso. Temas y agenda que no se han tocado desde que el actual presidente constitucional se instaló en Puerto Príncipe.

El gobierno, en materia de defensa y vigilancia militar fronteriza, tiene, afortunadamente, ideas claras.

En la preocupante y convulsa condición social y económica en que está Haití, no es para confiarse únicamente en un conjunto de ideas claras.

Se necesitan planes concretos y evaluaciones constantes sobre el comportamiento migratorio, y sin duda muy permisivo, a lo largo de lo que se conoce como la porosa frontera entre República Dominicana y Haití.