Al rescate del Ozama
El río Ozama ha sido objeto de múltiples estudios, hechos tanto por expertos nacionales como por técnicos extranjeros. Hay, incluso, convenios con organismos internacionales interesados en participar en acciones educativas dirigidas a los habitantes de sus riberas.
Hace poco los ríos Ozama e Isabela volvieron a ser noticia. La Secretaría de Medio Ambiente está coordinando acciones con instituciones que puedan invertir en el rescate de zonas aledañas a estos.
Una institución bancaria, sin que se conozca el alcance económico del compromiso, acompaña a la Secretaría de Medio Ambiente. El propósito insiste en un proyecto muy recurrido a lo largo de las últimas décadas. Plantean recuperar las orillas de los ríos como cinturones verdes de la ciudad y promover la cultura de vivir de cara a los afluentes naturales, aprovechando al máximo los recursos que ofrecen y preservando la biodiversidad.
Es loable. Hay que preocuparse con verdadera voluntad por los ríos Ozama e Isabela. A lo largo de su cauce hay zonas que están en completo abandono, que deben ser recuperadas.
La preocupación es recurrente. Se presentan planes periódicamente y luego vuelven a las gavetas de los flamantes escritorios de donde salieron.
Los resultados no se verán ahora.
Si hay voluntad y se hacen las inversiones necesarias podremos tener Ozama e Isabela para los próximos siglos.
De lo contrario seguirán su lenta, inexorable y silenciosa muerte.