Jueves, 18 de abril, 2019 | 11:32 am

Al pobre nunca lo llaman pa’ cosa buena



Dicen las noticias que el presidente Donald Trump ha llamado al presidente Medina, junto a los presidentes de otros cuatro países pequeños y pobres de la región del Caribe para hablar sobre la situación de Venezuela.

Me viene a la memoria una anécdota recogida por el consagrado y siempre por mí recordado historiador puertoplateño don Rufino Martínez.

En tiempos de Lilís, estuvo de gobernador de Puerto Plata el truculento general Miguel Lovera. A este le llegó la queja de que los limosneros se iban al muelle a asediar a los extranjeros que se desplazaban por allí.

El gobernador Lovera prometió solucionar el asunto, citó a los pordioseros a reunirse con él un domingo en la mañana.

cudieron todos, y cuando estaban reunidos los recogió y los embarcó hacia Haití en un vapor que esperaba en el muelle. Pero se salvó uno que no fue a la reunión, porque, según su filosofía, “al pobre nunca lo llaman pa’ cosa buena”.

Ahora, cuando el poderoso Donald Trump, con ademán de emperador, convoca a varios presidentes de países pobres a hablar de Venezuela, podemos imaginarnos desde qué altura mirará a sus invitados y cuáles podrán ser los resultados de esa junta.

Lloverán las exigencias de endurecer el asedio a la Venezuela bolivariana y no hay que ser muy sabio para suponer lo que responderán los mandatarios de unos países, con una autoestima tan baja que, como en el caso del nuestro, obtiene un triunfo tan resonante en el campo deportivo como el Campeonato Mundial de Béisbol, y lo que sacó como símbolo fue un ordinario plátano, como si quisiera confirmar su condición de república bananera.

Por suerte, Venezuela, con todos sus problemas y el presidente Nicolás Maduro con fallas que también yo, desde mi solidaridad sincera y franca pudiera criticarle, están en pie.

Sin doblegarse ni rendirse frente a las amenazas de Goliat, en defensa del derecho soberano a manejar sus asuntos, haciendo así un servicio a la dignidad de América.

Aunque no le debe hacer gracia el ver que algunos favorecidos de su generosidad petrolera le paguen el gesto haciendo causa común con los agresores.

Ya podemos suponer algunos resultados, y temer la confirmación de la original doctrina del viejo limosnero puertoplateño acerca de lo que le espera al pobre cuando algún rico lo llama.

Publicidad