Al Gobierno, nuestra prioridad

Inesperadamente la muerte sorprendió anteanoche a Diómedes Mercedes, uno de los más brillantes colaboradores de EL DÍA, donde veían la luz cada semana sus enjundiosos artículos.

Poseedor de una limpia y valiente hoja de servicios en su accionar político, fue coherente con sus ideas hasta el último suspiro de su vida. Como un homenaje a su memoria, EL DÍA publica a continuación su última producción periodística.

*Por Diómedes Mercedes
Diomedes.mercedes.2030@gmail.com

Aprendiendo a esperar espero; y mientras espero al cirujano óptico, procedo a relatarles la muy antigua historia oriental del desfile de menesterosos, rebelados contra su “creador”, exigiéndoles en nombre de la justicia debida, su saldo.

Historia en la que se destacó aquel pobre harapiento, sin techo, ni lecho; hambriento y sin zapatos en tiempo de invierno, el que junto con sus parecidos lideraba los gritos de los demás, hasta que a la plaza llegó a ellos un tardío que se dilató en su marcha, porque carecía de piernas.

Ante este incompleto ser, los demás se postergaron en silencio, sublevándose contra su Dios, cuando contra lo piadosamente esperado (volverle las piernas), este otorgó lo que había, a quien solo estaba descalzo, no por su furia, sino en aras al sentido de la justicia que poseía la deidad; en segundo lugar, para la utilidad de la asignación “presupuestaria” de la que se privaba a los otros, y bajo las premisas de que, lo irremediable no tiene cura y de que, cuando hay escasez hay que saber usar lo que se tiene; y además, por la ciencia del decir que “después del palo dado, ni Dios lo quita”.

Nada se puede hacer con lo perdido, excepto perder más.

La inversión de los valores originales de la burguesía, los que sugestionados hemos temido actualizar, hace el mundo actual multipoblado de herméticos globos y más de globitos, que llenan sus espacios cercanos, pero separados entre sí todos, cual si fuéramos especies distintas en mundos diferentes de contrapuestos intereses, los que hablamos con idiomas distintos ocupando espacios en los que debemos crecer o extinguirnos, comiéndonos unos a los otros.

Mundos, donde cada cual debe procurarse su propio sustento, viviendo cada cual tiempos e historias y fines diferentes, sin contar con los demás; trabajando cada cual como colosos por la supervivencia, produciendo en espacios restringidos toneladas de escorias, hechas de trozos de nosotros mismos, procurando crear al “Homus-Novus”, imposible, repitiendo al Frankenstein horroroso, el que evacuamos tras pasarlas comiéndonos molidos como monedas de hojalata, servidas en los comedores de los centros financieros y afines, a los que no tienen acceso quienes se pregunten; ¿quién soy?, ¿quién eres?, ¿dónde estamos? o ¿hacia dónde voy o vamos?

Una vez, en nuestra primera infancia, fuimos cerebralmente violados, tras ser atraídos por la magia bíblica, que nos encariñó con sus leyendas.

En el libro primero del Génesis, capítulo 1, versículo del 1 al 9, para que no inventáramos se nos enseñó que: “En aquel tiempo, en tierra de Senaar, sus hombres y mujeres se propusieron llegar al cielo para hablar de tú a tú con Jehová, quien vio lo que hacían y lo que se proponían construyendo para sus fines la Torre de Babel, se enfureció Jehová, la destruyó, confundió sus lenguas y les disperso sobre la tierra, para que no se entendieran jamás”.

Si fue así hemos de reencontrarnos otra vez, usando a todos los traductores y técnicas aprendidas en las conferencias internacionales, olvidándonos de querer hablar con Jehová y también de las voces que solo son “bultos” haciendo ruido sin poder.

Para nosotros como naciones emprender tareas como las que nuestros antecesores se propusieron ayer con la famosa Torre de Babel, para hablar ahora con los auténticos jehová terrenales; debiendo en nuestro caso olvidar a los políticos de profesión, demagogos, populistas y farsantes, representantes de los perdedores del voto social, (golpistas potenciales) que arman su muñeco, cebándose comiendo sobras de lo que comen comidas ajena; las que más engordan.

Démosle prioridad al desarrollo. salvando el momentum en el que estamos con gran parte de la población presente y de la del futuro, despegando de las tetas de la vaca nacional a las rémoras que se las chupan hasta matar el becerro (a) de nuestras esperanza.

Son las enseñanzas de aquel distante dios oriental que con sabiduría dio lo que había a quien podía llegar, llevándonos evolutivamente con el desarrollo. Sugerencia que hacemos a los distintos integrantes de nuestro gobierno.

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El Día

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