Toques
Corría el año 1984, cuando el Club Rotario Santiago Gurabito, me
encomendó, junto a Rafael Pimentel, conversar con Monchín
Pichardo, para jugar un partido benéfico ante las Águilas Cibaeñas en el estadio Cibao.
Ricardo “Tito” Hernández, presidente de las Águilas, había dado
el sí, por lo que sólo faltaba convencer a Monchín, quien luego de
escucharnos en sus oficinas del estadio Quisqueya, dijo estar de
acuerdo.
Así nació el juego benéfico que organiza el Club Rotario Santiago
Gurabito y el encuentro se ha mantenido por 42 años, en los
cuales se han jugado 40 partidos, siendo la primera obra realizada:
la biblioteca de la Escuela Anacaona Almonte, que beneficia a
decenas de niños y jóvenes del centro educativo.
El pasado sábado, el Club Rotario Santiago Gurabito, nos dedicó
el juego de pretemporada entre los eternos rivales de nuestra
pelota invernal, los Tigres del Licey y las Águilas Cibaeñas.
Haber sido parte activa de esa historia desde su primer
lanzamiento, me otorga el privilegio de atestiguar el verdadero
impacto del Club Rotario Santiago Gurabito: transformar la
histórica rivalidad deportiva en fondos sustanciales para financiar
obras de salud, educación y asistencia social destinadas a las
comunidades más vulnerables de nuestra sociedad.
Agradezco al Club Rotario Santiago Gurabito, que me dedicara
esta fiesta de la solidaridad, la cual coincidió con el 50 aniversario
de la fundación de este prestigioso club.
Gracias a todos los directivos, hombres y mujeres que han
trabajado sin descanso de manera solidaria con Rotary Internacional, para erradicar el polio de nuestro país: Juan Ramón Reyes, Leonardy Peralta, Simón Sánchez, José Rafael Carela, Miguel Llinás, Tony Ogando, Minerva Vásquez, José Hilario, José Romero y todos los miembros y patrocinadores.
Al amigo Vitelio Mejía, presidente de Lidom, su esposa e hija,
que se trasladaron desde Santo Domingo, Winston Llenas,
,inmortal del deporte y vicepresidente de la entidad que rige el
béisbol profesional, al doctor Juan Lawrence, presidente de las
Águilas, así como a Víctor García Sued y Gilbert Gómez,
mánager del Licey.
A Guillermo Saleta y Olga Rodríguez, Radhamés Bonilla y
Roberto Tineo, mis invitados especiales, quienes me apoyaron,
junto a mi esposa Pilar y mi hijo Danny y, a todos los cronistas
deportivos que se solidarizaron con la dedicatoria.
En nombre de mi familia, mi eterno agradecimiento al Club
Rotario Santiago Gurabito, a sus directivos y a cada uno de sus
miembros por este inolvidable reconocimiento que fue instalado
en mi extensa galería de recuerdos.
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