Afrenta inolvidable

El 25 de septiembre de 1963 fue un día negro para el desarrollo institucional de la República Dominicana y frenó lo que debió ser el inicio de la consolidación democrática tras la muerte del dictador Rafael Leonidas Trujillo.

El injustificable derrocamiento de quien el pueblo eligió para que fuera su presidente, Juan Bosch, produjo secuelas que aún hoy luchamos por superar.

Para colmo de males, esa afrenta provocó uno de los más sangrientos episodios de la historia reciente dominicana como lo fue la Guerra de Abril, en la que miles de dominicanos murieron luchando por restablecer el Estado de derecho.

Los responsables de ese golpe de Estado fueron los responsables directos de las muertes de ambos bandos en la contienda fratricida que explotó en abril de 1965 y que a su vez creó las condiciones para muchas de las acciones violentas del período comprendido entre 1966 y 1978.

Los dominicanos jamás debemos olvidar lo que ocurrió ese 25 de septiembre y sus consecuencias posteriores.

Esa mancha no debemos permitirla nunca más.

La estabilidad democrática que exhibe la República Dominicana genera la confianza de que difícilmente se derroque un Presidente legítimo.

Pero los atentados contra la institucionalidad son frecuentes, aún en esta época.

Por tal motivo preocupa la poca importancia que el Estado y nuestros líderes políticos y sociales le confieren a esta conmemoración.

Este 48 aniversario pasó casi inadvertido. Ni siquiera los dos partidos fundados por Juan Bosch se empeñaron en que los dominicanos recordaran la fecha.

Quien olvida su historia corre el riesgo de repetirla.