Ádios a la revolución democrática
La anunciada revolución democrática que se produciría con la nueva Constitución ha experimentado serias derrotas.
Preocupa que los ataques y destrozos hayan provenido de quienes fueron sus más connotados jefes.
Entre otros desmanes, el Senado eligió los integrantes de la Junta Central Electoral (JCE), aun cuando la Constitución previó en su séptima disposición transitoria la permanencia en las funciones de los antiguos integrantes de la JCE (Pleno, Cámara Contenciosa y Cámara Administrativa) hasta tanto se conformaran los nuevos órganos creados por la Constitución y la designación de sus incumbentes, para evitar el vacío institucional existente por la falta del Tribunal Superior Electoral.
El pasado martes la Cámara de Diputados aprobó, por mayoría simple, la Ley Orgánica del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), para su posterior promulgación y publicación por parte del Poder Ejecutivo.
Se trata de una expresión más del fracaso autoinflingido por quienes parecen o masoquistas ilustrados o cínicos, descarados e impunes violadores de la Constitución aprobada por ellos y de la que deben ser sus primeros cumplidores. Me parece que se trata de lo último.
Las leyes orgánicas, como la del CNM, que están por encima de las leyes ordinarias, requieren de una mayoría calificada, constituida por el voto favorable de las dos terceras partes (66%) de los presentes de ambas cámaras para su aprobación o modificación (artículo 112 constitucional).
Debido a que el Poder Ejecutivo observó la Ley Orgánica del CNM, para otorgarle al Presidente un voto doble para decidir en caso de empate, para que esta sea considerada ley debió ser aprobada por las dos terceras partes de los miembros presentes de la Cámara de Diputados (artículo 102 CR).
Este peligroso malabarismo institucional confirma que la práctica del Derecho Constitucional en la República Dominicana es de transgresión desaforada de la Constitución, dándole vida a lo que decía Bismarck: la Constitución es una hoja de papel, me basta manejar los factores reales y efectivos del poder organizado, el ejército, las finanzas, los tribunales de justicia, pues son estos los que en última instancia deciden y dan la norma para la práctica constitucional.
La rosca se puede correr y pronto. Estamos a tiempo, Presidente.