Adelante profesores
Los profesores del sistema público de enseñanza viven esta semana una situación estresante por un hecho común en la vida de cada uno de ellos como instructores de niños y adolescentes.
En el caso de los estudiantes, deben ser sometidos de manera periódica a exámenes dirigidos a establecer el nivel de asimilación, en varios momentos del año escolar, de las instrucciones recibidas de sus profesores.
Parece lógico suponer que a los profesores no se les examinará acerca de lo que enseñan a sus estudiantes, que debe ser asunto sabido, sino de temas pedagógicos, que es aquello por lo que se les contrata para el sistema público de enseñanza.
A nadie conviene un cuerpo magisterial estresado.
Parece preferible que desde el gremio de los maestros, acaso desde el Ministerio de Educación, se les informe con claridad que este examen es parte de una evaluación en proceso, que sus estudiantes están sujetos a estas pruebas varias veces al año y que a pesar de la inmadurez derivada de la corta edad las superan y, por último, que asustarse frente a un “pruebín” agrava la situación.
Los fallos técnicos confrontados el lunes mientras una parte del personal docente tomaba el examen pueden volver a presentarse, pero no impedirán que en algún momento este sea aplicado.
Y debe ser así porque Educación, una institución importante, está sometida a cuestionamientos permanentes por una parte de la opinión pública que no acaba de estar satisfecha con la calidad de la instrucción o el aprovechamiento que hacen de ella los estudiantes.
Los profesores son una parte muy importante del sistema educativo y si el ministerio bajo el que operan necesita un diagnóstico de su calidad, lo menos que se puede esperar es su resolución para enfrentar el examen.
Adelante profesores, parte del presente y el futuro de la nación pasan por la escuela.
