La biopelícula oral se forma diariamente sobre dientes y encías y su acumulación puede favorecer la aparición de caries, gingivitis y periodontitis.
Aunque suele conocerse como placa dental, la biopelícula oral es más que una acumulación de suciedad: se trata de una estructura formada por diferentes microorganismos que interactúan entre sí y que, cuando no se elimina adecuadamente, puede alterar el equilibrio de la salud bucal.
“Hoy sabemos que la biopelícula es una comunidad altamente estructurada, formada por diferentes microorganismos que interactúan entre sí. Cuando está en equilibrio, no causa daño. El problema surge cuando no se elimina correctamente”, explica la doctora Stephanie Garofalo, especialista en Periodoncia e Implantología y formadora de la SDA en EMS.
La biopelícula comienza a reorganizarse pocas horas después del cepillado y se alimenta tanto de restos de alimentos como de la propia microbiota oral.
Cuando se acumula, puede favorecer la proliferación de bacterias capaces de liberar sustancias inflamatorias que afectan las encías y los dientes.
Señales de alerta
El sangrado al cepillarse o utilizar hilo dental, la sensación de dientes ásperos, las encías inflamadas o enrojecidas y el mal aliento persistente figuran entre las primeras señales que pueden advertir de un desequilibrio.
Estos síntomas pueden pasar inadvertidos o considerarse poco importantes, pero Garofalo advierte que merecen atención porque pueden indicar alteraciones en la salud bucal.
Con el paso del tiempo, la biopelícula puede mineralizarse y convertirse en sarro, cuya eliminación requiere intervención profesional.
Los hábitos cotidianos desempeñan un papel importante en su control. Un cepillado incompleto, no utilizar hilo dental y consumir azúcar con frecuencia pueden favorecer su acumulación.
Las personas con aparatos de ortodoncia o implantes pueden enfrentar mayores dificultades para mantener algunas áreas libres de biopelícula. El texto también señala que determinadas enfermedades sistémicas, como la diabetes, requieren especial atención.
La saliva contribuye a la limpieza natural de la boca y a la protección frente a los microorganismos, por lo que una alteración de su función puede incrementar el riesgo de acumulación.
Aunque el cepillado diario es indispensable, puede no eliminar completamente la biopelícula de las zonas de difícil acceso. Por esta razón, las evaluaciones odontológicas periódicas complementan los hábitos de higiene y permiten detectar cambios de manera temprana.

Nuevos tratamientos
La odontología ha incorporado enfoques orientados hacia la prevención y procedimientos menos invasivos. Entre ellos se encuentra la Terapia Guiada de Biopelículas (GBT, por sus siglas en inglés), un protocolo que comienza identificando dónde se encuentra la biopelícula antes de proceder a eliminarla.
“El protocolo permite visualizar con exactitud la ubicación de la biopelícula, guiar mejor al paciente y realizar la eliminación de forma más cómoda y eficiente”, explica Garofalo.
La técnica emplea tecnologías que combinan agua tibia, aire y partículas finas para retirar la biopelícula con mayor suavidad e incorpora orientación para ayudar al paciente a mejorar sus hábitos de higiene.
Entre sus beneficios se señalan una mayor comodidad durante el procedimiento, un abordaje menos invasivo, mayor conocimiento del paciente sobre su propia salud bucal y un énfasis especial en la prevención.
Para Garofalo, conocer cómo se forma la biopelícula también puede contribuir a modificar los hábitos cotidianos. “Cuando el paciente entiende cómo se forma el biofilm y aprende a controlarlo, asume un papel activo en su propia salud. Y eso marca la diferencia a largo plazo”.
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