Accidentes y descuidos
Todas las carreteras del mundo, incluidas las de la República Dominicana, están hechas para el tránsito rápido, pero respetando las instrucciones de las señales de tránsito. A la hora de los accidentes fatales, vemos fallas y descuidos.
El último suceso que conmovió la conciencia nacional ocurrió en la carretera Santo Domingo-Samaná. Esto ameritó una reflexión interesante de la Dirección General de Tránsito Terrestre y la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet), que de paso atribuyeron el hecho a imprudencias de los conductores.
No se quedan ahí las autoridades. Convocaron de urgencia a los constructores y concesionarios de la obra para acordar medidas que eviten más tragedias. ¿En qué consistirán esas medidas que eviten más tragedias en dicha vía? Se ha dicho una y otra vez que la carretera cumple con todas las normas técnicas y que está dotada de las señales de tránsito, tanto horizontales como verticales, que advierten a los conductores de las zonas donde deben conducir con precaución.
Habrá que trabajar en bajar las estadísticas fatales de esa y todas las carreteras del país. Tomando en cuenta -como advierten las mismas autoridades- que en la República Dominicana los conductores comen, beben, fuman, hablan por los celulares y hasta leen mientras manejan; y por lo general, circulan en vehículos con baja iluminación y neumáticos en pésimas condiciones.
Los accidentes son inevitables. Suceden. Ahora, lo que se puede evitar es la recurrencia, el número de víctimas. No basta con la colocación de señales. Es necesario fortalecer los mecanismos educativos, de información, antes de dotar alegremente a una persona de un documento para conducir. Hay que fortalecer los controles, no todo el que quiere una licencia puede manejar un vehículo, y menos en una carretera, donde ante cualquier imprudencia o descuido pone en peligro su vida y la de otros ciudadanos.