Accidentes de tránsito: la epidemia que desborda hospitales y destruye familias en República Dominicana

  • Sociedad Dominicana de Emergenciología alerta que más del 60% de las atenciones y del gasto en salud va derivado a pacientes producto de accidentes de tránsito. 68% aproximadamente son en motocicletas

Sociedad Dominicana de Emergenciología alerta que más del 60% de las atenciones y del gasto en salud va derivado a pacientes producto de accidentes de tránsito. 68% aproximadamente son en motocicletas

Santo Domingo.- La República Dominicana se encuentra inmersa en una crisis de salud pública que no se incuba en laboratorios ni se transmite a través de vectores ambientales, sino que transita por las calles y avenidas de todo el territorio nacional.

Conducir una motocicleta o verse involucrado en un siniestro vial se ha convertido en una sentencia casi cotidiana que mantiene abarrotadas las salas de emergencia del país, drenando de manera desproporcionada los recursos financieros del Estado y la estabilidad emocional y económica de miles de familias que, ven cómo sus principales fuentes de sustento quedan agotadas o se suman a las listas de mortalidad nacional.

El doctor Eliezer Jiménez, presidente de la Sociedad Dominicana de Emergenciología (SODOEM), advierte con profunda preocupación que esta alarmante realidad ha posicionado a la nación en un segundo lugar a nivel mundial en muertes por accidentes de tránsito, conformando un escenario crítico que satura por completo la capacidad operativa de los centros de salud.

"En las salas de emergencia, más del 60% de las atenciones y del gasto en salud va derivado a esos pacientes producto de accidentes de tránsito, y de todos esos accidentes el 68% aproximadamente son en motocicletas", detalla el especialista sobre la magnitud de un problema que, hasta el mes de abril del presente año, ya contabilizaba unas 750 personas fallecidas, proyectando cifras anuales que históricamente oscilan entre las 2,500 y las 3,000 muertes.

Las estadísticas revelan un descalabro financiero inmenso para las arcas públicas y el sistema sanitario en general, pues según registros recientes del Instituto Dominicano de Prevención y Protección de Riesgos Laborales (IDOPRIL), tan solo en un trimestre el país incurrió en un gasto de 622 millones de pesos para brindar cobertura al 40% de las atenciones de emergencia que fueron causadas exclusivamente por motocicletas.

"Toda la logística que involucra llevar a ese paciente ahí, que por día se gastan entre 300 mil, 600 mil y hasta un millón de pesos diario, conlleva la atención de un paciente producto de un accidente de tránsito porque eso involucra unidad de cuidado intensivo y personal de salud", precisa Jiménez, subrayando que la supervivencia inicial del paciente marca apenas el comienzo de un largo y tortuoso proceso de rehabilitación.

El drama familiar y la carga social

Más allá de la frialdad de los números macroeconómicos, el verdadero drama humano se respira en las salas de espera y se padece en el seno de los hogares, especialmente en aquellos que dependen del trabajo informal, quienes constituyen la inmensa mayoría de las víctimas de estos siniestros viales.

"Afecta al contribuyente, afecta a la familia que se ve que el único que llevaba el sustento al hogar era esa persona; ese es el que va al hospital, representa una carga para el Seguro Nacional de Salud (Senasa), representa una carga para el hospital, y representa una carga para la sociedad", lamenta el galeno.

Este explica que una simple fractura de fémur puede requerir desde seis meses hasta un año de recuperación, empujando a comunidades, juntas de vecinos y congregaciones religiosas a organizar colectas solidarias para costear las cirugías ortopédicas de individuos que, de presentar complicaciones, podrían no reintegrarse jamás al mercado laboral productivo.

Imprudencias mortales

Al cruzar las puertas de la sala traumatológicas, el personal médico se enfrenta a un cuadro clínico desolador dominado por lesiones críticas que demandan intervención inmediata, siendo el trauma craneoencefálico la patología de mayor letalidad como consecuencia directa de la negligencia ciudadana y la falta de equipos de protección certificados.

Traumas más comunes

El presidente de SODOEM narra cómo reciben continuamente a conductores que transitan utilizando cascos de jugar béisbol creyendo que están protegidos o buscando burlar a la autoridad, una muestra palpable de irresponsabilidad que se suma a la incesante llegada de pacientes con severos traumas toracoabdominales y múltiples fracturas de huesos largos como “fémur”, “tibia” y “peroné” que hoy en día representan el mayor gasto de insumos ortopédicos de los hospitales del país.

SODOEM y el desafío de hacer cumplir la ley

Frente a esta avalancha de fatalidades prevenibles, la Sociedad Dominicana de Emergenciología ha decidido levantar la voz y enfocar sus esfuerzos institucionales hacia la raíz estructural del problema, señalando la inoperancia en la fiscalización de tránsito como el factor detonante de esta crisis nacional.

"Si me preguntaras cuál ha sido la principal causa por la que nosotros hemos llegado a donde estamos, es el no aplicar la ley… la autoridad no ejerce su función y cuando la ejerce detrás tiene una sociedad que empieza a reclamarle, ya la autoridad deja de ser la autoridad que impone, ya es un victimario y al infractor lo vemos como una víctima", denuncia Jiménez.

Además advierte que mientras se mantenga esta inversión de valores y no se respalde a la institución encargada de poner el orden, el país continuará contando muertos en las autopistas.

Ante este panorama de permisividad que cobra vidas a diario, la directiva médica impulsa una enérgica campaña para erradicar de las vías públicas a los conductores menores de edad, un segmento poblacional que aporta una cuota desgarradora a las estadísticas de morbilidad severa.

El especialista sostiene que, con la misma determinación con la que las autoridades prohibieron el uso de teléfonos celulares en las aulas dominicanas, también deben hacerlo con los adolescentes para impedir que lleguen en motocicletas.

“El Ministerio de Educación y los organismos de tránsito deben impedir que adolescentes de 14, 15 y 16 años lleguen en motocicletas a los planteles escolares, una práctica completamente ilegal que mantiene a cientos de jóvenes conectados a ventiladores artificiales en las unidades de cuidados intensivos, truncando su juventud por empuñar el manubrio de una máquina para la cual no están legal ni mentalmente habilitados” señala Jiménez.

El rescate del sistema y la disminución de la letalidad dependen estrechamente de fortalecer la "hora dorada" mediante una sincronización hermética entre la asistencia prehospitalaria del Sistema 9-1-1 o Asistencia Vial y la respuesta intrahospitalaria, un engranaje en el que SODOEM trabaja activamente mediante la creación de protocolos y jornadas de capacitación técnica constante.

Sin embargo, toda destreza médica resulta insuficiente si la sociedad en su conjunto no asume su cuota de responsabilidad y las autoridades no aplican el régimen de consecuencias necesario para pacificar el asfalto dominicano.

Como ente rector y voz gremial, la Sociedad Dominicana de Emergenciología (SODOEM) mantiene un firme compromiso con la mejora continua de la atención pre e intrahospitalaria en el país.

Más allá de visibilizar la alarmante crisis de siniestralidad vial, la entidad trabaja de la mano con las autoridades en la elaboración de protocolos de atención integral y en la capacitación técnica constante del personal del 9-1-1 y la Dirección de Atención a Emergencias Extrahospitalarias (DAE).

SODOEM aboga incesantemente por la dignificación de las áreas de trabajo en los centros públicos y defiende el derecho irrenunciable de todo ciudadano a recibir asistencia médica oportuna, consolidándose como un pilar fundamental para la pacificación y el fortalecimiento del sistema de trauma a nivel nacional.

Vapeo y salud mental disparan las consultas de emergencia en República Dominicana

Además de los accidentes de tránsito, las emergencias colapsan por jóvenes con daños pulmonares graves, problemas de salud mental y un déficit de la atención primaria

Victor Puente

Santo Domingo.- El ecosistema de las emergencias médicas en la República Dominicana libra múltiples batallas simultáneas que trascienden el ruido de las sirenas y los estragos del tránsito vehicular, enfrentándose a un conjunto de patologías silenciosas pero letales que ponen a prueba la verdadera capacidad de contención del sistema sanitario público y privado.

Detrás de las puertas de resucitación y los pasillos de triaje, los emergenciólogos dominicanos representados por la Sociedad Dominicana de Emergenciología (SODOEM) batallan contra la falta de cultura preventiva de los ciudadanos, el vacío en la cobertura aseguradora y la irrupción descontrolada de nuevos hábitos de consumo en la población joven, elementos que combinados amenazan con colapsar las infraestructuras de salud.

El doctor Eliezer Jiménez, presidente de SODOEM, resalta que excluyendo los accidentes de tránsito, el grueso de las visitas de urgencia está monopolizado por pacientes que padecen enfermedades crónicas descompensadas, un reflejo directo del fracaso o la ausencia de un primer nivel de atención efectivo en las comunidades.

"Las enfermedades crónicas descompensadas es ese tipo de paciente diabético, hipertenso, que tal vez no va a su consulta cada tres meses, que no tiene un área donde acudir y se queda en la casa; las pastillas dejaron de funcionar, de repente le duele la cabeza o tiene un mareo y tiene que acudir a la emergencia", explica el emergenciólogo.

El especialista afirma que estas crisis hipertensivas o desajustes glicémicos saturan las salas con ciudadanos que terminan buscando en el hospital la atención rutinaria que no logran agendar a tiempo en las consultas ambulatorias regulares.

La ignorancia del triaje y la desesperación del paciente

Esta alta afluencia de pacientes no críticos genera un choque constante de expectativas en las salas de espera, donde la falta de comprensión sobre los protocolos de urgencia detona fricciones innecesarias entre los usuarios y el personal médico que labora en condiciones muchas veces inhóspitas.

"Yo pudiera decirte con toda certeza de que el paciente crítico en una sala de emergencia no espera; inmediatamente se identifica un paciente crítico, no espera… el problema está en los otros pacientes que acuden a la emergencia y que pudiesen tener un tiempo de espera mayor porque son pacientes que pudiesen manejarse de manera ambulatoria", aclara Jiménez al defender el sistema de triaje.

El “triaje” es un método de clasificación mundial donde los niveles 1 y 2 reciben atención inmediata por estar en peligro de muerte inminente, mientras que las categorías 4 y 5 deben aguardar su turno, siendo estos últimos quienes usualmente se desesperan y acuden a la prensa alegando abandono o negligencia.

Salud mental y el letal mercado de los vapeadores

Dentro del cambiante perfil epidemiológico del país, la salud mental emerge como un reto titánico para los galenos de turno, quienes por años no contaron con el respaldo logístico para referir a individuos sumidos en crisis nerviosas o brotes psicóticos que ponían en riesgo sus vidas y las de terceros.

Aunque la Sociedad Dominicana de Emergenciología celebra la reciente apertura de unidades de atención psiquiátrica en la red pública como un respiro necesario frente a la problemática, el gremio señala con firmeza la urgente necesidad de que las Administradoras de Riesgos de Salud (ARS) amplíen sus planes de cobertura y asuman el costo real que representa el abordaje digno de estos trastornos en la población dominicana.

De igual forma, una amenaza respiratoria se cierne sobre la juventud a la vista de todos y sin aparente supervisión estatal: el uso indiscriminado de cigarrillos electrónicos.

"Nosotros estamos viendo eso con mucha tristeza y con mucha alarma, de muchos pacientes jóvenes que empiezan con un proceso bronquial respiratorio… cuando le haces una radiografía, tienen el pulmón de un anciano fumador de 70 años", advierte el doctor Sobre la lesión pulmonar asociada al uso del “vapes” que está empujando a decenas de adolescentes hacia las unidades de cuidados intensivos.

El presidente de la sociedad médica deplora la existencia de un mercado ilícito e informal donde estos dispositivos de vapeo y las sustancias líquidas químicas se venden sin ningún rigor en colmados o barberías de barrio, alcanzando las manos de menores de edad con una facilidad pasmosa que burla todo tipo de control legal.

Ante esta realidad tan compleja, y frente a la amenaza de picos estacionales enfermedades como el dengue, los emergenciólogos dominicanos sostienen que si bien el personal humano está plenamente capacitado para responder clínicamente, la infraestructura hospitalaria sencillamente no cuenta con el desahogo logístico necesario para absorber brotes epidémicos catastróficos.

Al mismo tiempo hace un llamado urgente a la concientización ciudadana y a la inversión gubernamental en infraestructura preventiva antes de que el frágil hilo del sistema termine por romperse.

Frente a estos múltiples frentes de batalla, la Sociedad Dominicana de Emergenciología (SODOEM) se erige como un bastión indispensable para la articulación de respuestas efectivas dentro del sistema sanitario.

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Víctor Puente