¿Abolir el FMI?

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Acaba de tomar posesión como nueva timonera del Fondo Monetario Internacional la antigua ministra de Comercio de Francia y abogada corporativa Christine Lagarde.

La hoy directora gerente del Fondo tuvo como rival al antiguo sub director general del FMI y gobernador del Banco Central de México, Agustín Carstens, veterano economista, personaje central en la superación de las crisis económicas de muchos de los países miembros del FMI.

La elección de la funcionaria francesa supone, por parte de las superpotencias que dominan el Fondo, una continuidad de sus políticas actuales, y sobre todo una declaración informal de prioridad ante la actual crisis que sacude a varios países de la zona Euro, como los casos de Portugal, Irlanda, España, Italia, y por supuesto Grecia, de la cual Francia es el primer acreedor de su deuda pública.

Se le atribuye al Fondo Monetario Internacional el padrinazgo de nuestro más reciente paquete fiscal, el cual, según la visión del FMI, viene a ser la solución al actual déficit fiscal que amenaza la estabilidad macroeconómica que tanto nos ha beneficiado en los últimos años. Y ahí precisamente radica el peor de los males actuales del FMI, su incapacidad de formular nuevas políticas que contribuyan a retomar senderos de prosperidad y desarrollo.

La posible elección de Carstens hubiese supuesto que se deseaba una visión experimentada, capaz de formular políticas que diesen al traste a las actuales imposiciones inconsistentes del propio Fondo, que en menos de un quinquenio osciló del recetario de políticas económicas anti-cíclicas hacia la ortodoxia, ahora basado en mayores gravámenes fiscales. Para entender las inconsistencias, solo basta el ejemplo de Chile, al que se le permitió recapitalizar su deuda cuasi fiscal en 50 años, mientras que a nosotros se nos impone hacerlo en solo 20.

El año pasado advertimos esta regresión que el FMI hace de sus políticas, y los efectos adversos que podrían tener sobre nosotros, que forzosamente, inducidos por la imposición de los bancos multilaterales y el diseño económico global, tuvimos que acudir a sus puertas cuando la crisis importada de los países desarrollados se nos presentó. Si el Fondo no reinventa su recetario, talvez sería mejor pensar en su abolición y en la creación de un organismo más ajustado a la nueva realidad económica global.

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