Martes, 23 de julio, 2019 | 12:24 am

A quien pueda interesar



Señores:

Es hora de poner las cartas sobre la mesa, con la faz hacia arriba, dejar todo suspenso y plantear de manera clara y transparente hacia dónde apuntan ustedes, pues es importante que la justa preelectoral tenga ya definidos todos sus jugadores sin misterios ni agendas ocultas.

Deben saber que seguidores ansiosos, sacudidos por la incertidumbre, el miedo y la pesadilla contaminan la atmósfera, esparcen inquietudes, nerviosismo y hasta crean sus propios esquemas de democracia imponiendo sus voces y silenciando a terceros.

Incluso, asumen como un dogma su preferencia política y pretenden imponerla como aquella iglesia antigua, a sangre y fuego, con aplastamiento y humillaciones, porque, desde su óptica, la patria se unifica solamente con un pensamiento único, una visión homogénea, una cultura de borregos.

La dinámica social funciona -según su creencia- solamente cuando no hay disensos ni piedras en el zapato. Es decir, con la capacidad crítica anulada todo es mejor, el país opera como un organismo perfecto, a su gusto, protegiendo sus cadenas de intereses.

A Balaguer le fascinaban las decisiones políticas al filo de la medianoche, con sigilo y escalamiento, afincado en un supuesto factor sorpresa como ventaja comparativa, para dejar a sus adversarios boquiabiertos y entretenidos en toda suerte de especulaciones.

Pero eran tiempos distintos, de atmósferas análogas, con un escaso flujo de información y una larga vigencia de las noticias del día. Hoy todo fluye de manera diferente, a altísima velocidad. Los tiempos son líquidos y todos nos enteramos de las intimidades políticas, del juego más intrincado y hasta de los secretos de alcoba.

Siempre habrá alguien -con todas las facilidades de comunicación de la esfera digital- dispuesto a levantar el velo y compartir al instante aquellas cosas que antes estaban reservadas a los historiógrafos para ponerlas exclusivamente en sus anales años después, desdibujadas y manipuladas según la ideología.

No pierdan su tiempo tratando de vender el humo de una falsa ética, porque en este terruño todos nos conocemos bien y sobran las colindancias para tener un retrato hablado exacto de cada uno de ustedes y saber quién está en política para robar y quién para servir.

Finalmente, dejen al pueblo escoger su propio destino, aunque se vaya de bruces por el barranco y toque fondo. Quizás esto sirva para levantarse como nación dispuesta a cambiar todo lo que obstruye su desarrollo, su libertad y su dignidad. Dejen que las cosas ocurran.

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