A propósito del mes de la Biblia

A propósito del mes de la Biblia

A propósito del mes de la Biblia

Altagracia Suriel

En el mes de la Biblia es bueno recordar que la Palabra de Dios tiene poder, con ella fortalecemos la fe y encontramos guía, enseñanza y esperanza para vivir en paz y fortaleza.

1. Poder:
El poder de la Palabra trasciende, impacta y deja huellas. Como dice Hebreos 4:12: “Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón”.

2. Guía práctica:
La Palabra nos guía en el camino como se expresa en Salmos 199:105: “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero”. Pero la Palabra, no es sólo discurso, es vida práctica como nos dice Santiago 1:22: “No se contenten sólo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica” (Santiago 1:22).

3. Fe:
La Palabra fortalece nuestra fe como nos dice Pablo en Romanos 10, 17: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.
Y la fe nos lleva a la verdad y a conocerla como nos recuerda Jesús: “Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:31-32).

4. Enseñanza:
La Palabra nos enseña. En ella encontramos luz para discernir en todas las situaciones que se nos presentan. Como nos dice Pablo en 2 Timoteo 3:16-17: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra”.

5. Esperanza:
La promesa de Jesús para los que siguen su Palabra es esperanza y bendición: “Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá”(Juan 15:7).
También nos lo recuerda Pablo en Romanos 15, 4: “Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que, por la paciencia, y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”.



Altagracia Suriel